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jueves, 14 de octubre de 2010

Proceso de paz. Ilusionismo de salón frente a la realidad.




Viendo las imágenes que a diario difunden los canales de TV islámicos, donde el clamor popular de sus gentes es siempre el de destruir a Israel, el de odio y el de negación de la convivencia con los judíos, es imposible concebir que se pueda llegar un día a alcanzar la paz entre Israel y sus vecinos.

El ilusionismo está bien para los magos, ellos son los únicos que pueden hacernos creer que del interior de una chistera se pueden extraer conejos blancos.

Si alguna vez lo han intentado habrán podido comprobar que dentro de un sombrero de copa no hay absolutamente nada. Eso es realismo. Y dentro del anacrónicamente llamado proceso de paz hay exactamente lo mismo, nada, absolutamente nada ni ayer, ni hoy ni mañana.

Así que la realidad nos sugiere (o nos empuja) a una realidad todavía mayor, ¿qué esperamos? ¿qué venga un rabino (o un político) milagroso a solucionar los problemas? Un rabino milagroso sería un milagro que fuera rabino, al igual que un político, quizá lo segundo sea más difícil.

En cualquier caso esa realidad mayor a la que Israel es empujado es, o Israel desaparece, o desaparecen los árabes. ¿Cuál de las dos "ilusiones" es más real?. Señores, no hay conejos blancos en el interior de las chisteras.

Rafael T.Perez
14/10/10
kolisraelorg

martes, 28 de septiembre de 2010

Paz si, pero no ahora




En una reciente reunión informal con burócratas de política exterior y mercaderes de opinión, el ex jefe de Estado de una nación aliada decía que él estaba aconsejando al presidente Obama que presionara a fondo para alcanzar una solución rápida al conflicto palestino-israelí.

La mayoría de asistentes a la reunión asintió con la cabeza. Me mordí la lengua, esperé a que hicieran una pausa y luego aproveché para abordar al estadista cerca de las máquinas de café y té. "¿Le puedo hacer una pregunta?", dije yo; él me contestó amablemente que sí.

Señor, si usted fuera Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Palestina, ¿haría las paces con los israelíes? Por una parte, usted entiende que la paz sería de enorme ventaja para su pueblo al igual que para los israelíes. Por otra parte, usted sabe que aunque tiene el poder en Cisjordania, Hamás gobierna Gaza. Y que por razones teológicas y de política, Hamás rechaza aceptar la existencia de una nación en Oriente Próximo liderada por no musulmanes.

Es más, Hamás es financiada y entrenada por un régimen iraní que también quiere borrar del mapa al Estado judío. Teherán está procurando tener armas nucleares pronto para utilizarlas en busca de esa meta.

¿No cree usted que si firmara un tratado de paz con Israel, como hizo el presidente egipcio Anwar Sadat en 1979, usted acabaría como Sadat que, en 1981, fue asesinado por autoproclamados yihadistas?

(Dato histórico: la fatwa que daba luz verde al asesinato de Sadat fue obra de Omar Abdel-Rahman, clérigo egipcio que se fue a vivir a Estados Unidos para predicar en mezquitas americanas llamando a la "yihad contra el infiel". Su carrera se acabó en 1996 cuando el fiscal federal Andrew C. McCarthy logró encerrar a cadena perpetua al "Jeque Ciego" por su papel en el primer atentado contra las Torres Gemelas).

El estadista reconoció que requeriría mucho valor por parte de Abbas para finiquitar el conflicto con Israel en este momento. Eso significa que Abbas necesitaría el apoyo sólido de aquellos entre nosotros comprometidos con la paz. Y pregunto: ¿Cómo mostraríamos ese apoyo? ¿Su país estaría dispuesto a dotar de guardaespaldas a Abbas? ¿Debería Abbas aceptar una guardia pretoriana integrada por extranjeros? Si él lo permitiera, sería una situación incómoda, pero siempre se puede encontrar soluciones a esos problemas.

Seguí abusando de la amabilidad del jefe de Estado y le pregunté: ¿Qué concesiones cree usted que el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu debe hacer, sabiendo que un acuerdo de paz podría acabar con el derrocamiento de Abbas y su reemplazo podría ser alguien que no se sintiera comprometido a cumplir ninguna de las promesas hechas por Abbas?

La retirada israelí del sur del Líbano y de Gaza no sirvieron para fortalecer la causa de la paz. Más bien, ambos territorios se convirtieron en bases terroristas desde las que se han lanzado misiles contra ciudades israelíes. ¿Qué evitaría que sucediera lo mismo en Cisjordania, adyacente a centros de población importantes de Israel?

Me dijo que sería necesario desplegar fuerzas internacionales de pacificación. Le indiqué que ya se desplegó ese tipo de tropas en el sur del Líbano al acabar la guerra que allí lanzó Hizbolá en 2006. Sin embargo, Hizbolá ha logrado importar miles de misiles que en estos momentos apuntan contra Israel. ¿No es obvio que no se puede confiar en las fuerzas internacionales para defender a los israelíes? De hecho, ¿no es obvio que la ONU –en la actualidad manipulada rutinariamente por Irán y otros miembros de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI)– se ha convertido en aliada de facto de los enemigos de Israel?

Con eso como contexto, ¿aconsejar al presidente Obama para que presione a fondo para alcanzar una solución rápida al conflicto palestino-israelí será el curso a seguir más inteligente? ¿No parece probable que esa iniciativa lleve, paradójicamente, a un mayor derramamiento de sangre? Él sugirió que el problema es complejo, demasiado complejo para encontrarle la solución durante la pausa de una conferencia.

Y seguidamente me dijo muy educadamente "con permiso" y se fue. Sin embargo, su perspectiva sigue siendo la ortodoxia, aún más ahora que se retomó la negociación directa entre palestinos e israelíes después de un hiato de año y medio. Lo que me temo es que él y otros no sean capaces de darse cuenta de que Israel está en guerra con palestinos, árabes y la mayor parte del "mundo musulmán" y no por lo que hace sino por lo que es: el último, minúsculo, trozo de tierra entre Marruecos y Pakistán que no está bajo alguna forma de régimen islámico.

Si en este momento las negociaciones no pueden ser el camino para la paz, ¿qué puede serlo? La derrota, en frentes múltiples, de los que el presidente Obama prefiere llamar "extremistas violentos". Si se lograra frustrar las ambiciones nucleares de Irán, si se pudiera debilitar aún más a Al Qaeda, si Hamás perdiera el poder en Gaza y si Hizbolá no lograse alcanzar el poder en el Líbano, entonces podría dar inicio finalmente un significativo "proceso de paz". Reduzca la presión de los yihadistas y palestinos e israelíes podrían encontrar la forma de vivir como vecinos.

La idea de que puede haber una paz separada para israelíes y palestinos es atractiva, al igual que la teoría de que esa paz reduciría el impulso que guía a los regímenes, movimientos y grupos yihadistas que están librando una pugna civilizacional contra Occidente. Pero esa idea de paz es ficticia y la teoría es incorrecta. Hice lo que pude para transmitirle ese mensaje al ex jefe de Estado. Pero no estoy convencido de haber tenido éxito.

©2010 Scripps Howard News Service
©2010 Traducido por Miryam Lindberg

Autor: Clifford D. May, antiguo corresponsal extranjero del New York Times, es el presidente de la Fundación por la Defensa de las Democracias, institución investigadora dedicada al estudio del terrorismo
Fuente: Libertad Digital

martes, 14 de septiembre de 2010

Su turno, señor Abbás




Las perspectivas son pesimistas, pero el proceso va por el buen camino.
La Administración Obama debe ser objeto de elogio por la manera en que ha estructurado la más reciente ronda de conversaciones entre israelíes y palestinos. Por fin dejamos atrás los compromisos provisionales, cuyo paradigma fueron los lamentables Acuerdos de Oslo (1993).

En aquel entonces se decía que cuestiones tan complicadas como el conflicto árabe-israelí sólo podían abordarse paso a paso, dejando al tiempo hacer. Y el tiempo hizo, sí, pero para complicarlo todo aún más. Israel realizaba concesiones concretas: trajo de Túnez a Arafat, para que gobernara sobre Gaza y la Margen Occidental, por poner el más notable ejemplo, y a cambio recibía más y más amenazas, hasta que finalmente fue castigado con una guerra de terror en la que perdieron la vida más de 1.000 israelíes inocentes. Entre las víctimas de semejante estado de cosas hay que contar al movimiento pacifista israelí, que tantas ilusiones se hacía acerca del reconocimiento palestino del Estado judío. La izquierda israelí, asaltada por la realidad, anda moribunda; y la derecha, escarmentada. Ningún actor de relieve cree que puede conservarse la Margen Occidental.

Dicho panorama ha dado pie a un fenómeno insólito: en Israel hay un amplísimo acuerdo en torno a la idea de ceder casi toda la Margen a cambio de la paz. El momento es doblemente extraordinario, porque el único que puede cerrar un trato así es el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu; y está dispuesto a hacerlo.

De ahí lo acertado de la concepción obamita de las próximas conversaciones: nada de acuerdos interinos, nada de compromisos parciales. Nada de concesiones mutuas al margen de las grandes cuestiones: territorio, seguridad, Jerusalén, el denominado derecho de retorno...; las concesiones han de afectar, precisamente, a los grandes temas: que Israel abandone su sueño de una Jerusalén indivisible y los palestinos renuncien de una vez al derecho de retorno.

Por ejemplo. Lo crucial es lo que ha dicho el negociador George Mitchell: lo que se discute es un acuerdo definitivo que ponga fin al conflicto. Lo que significa que nada de reclamaciones posteriores.
Fin del conflicto, sí.

¿Cuáles son los obstáculos que hay que sortear? ¿Los asentamientos israelíes? El ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman, uno de los políticos más nacionalistas del país hebreo, vive en uno de ellos y ha afirmado que, en aras de alcanzar la paz, él y su familia estarían dispuestos a abandonar su hogar. ¿Y los colonos religiosos? ¿Tampoco ellos se resistirán? Cuando se evacuó la Franja de Gaza, algunos lo intentaron, subiéndose a los tejados de las sinagogas. ¿Qué pasó? Pues que los soldados los bajaron y se los llevaron. Si a Israel se le ofrece una paz tangible, los soldados volverán a hacerlo.

Así que el problema, hoy como siempre, es la negativa de los palestinos a aceptar un Estado judío. Esa ha sido la cuestión nuclear del conflicto desde 1947 hasta Camp David (2000), cuando Arafat rechazó una oferta de paz extraordinariamente generosa, no hizo contraoferta alguna y, para rematar, lanzó, dos meses más tarde, la guerra de terror conocida como Segunda Intifada.

En Camp David iba a alcanzarse una paz definitiva. Una paz que sigue sobre la mesa. Lamentablemente, no parece que en el campo palestino haya más deseo de alcanzarla del que mostraron hace diez años. Incluso si Mahmud Abbás quisiera llegar a un acuerdo así (dudoso, pero posible), ocurre que, simplemente, carece de autoridad. Para aceptar un Estado judío, el rais ha de tener detrás el respaldo de una amplia mayoría de su pueblo; pues bien, no lo tiene. Hamás, cuya razón de ser es la destrucción de Israel, controla una parte de Palestina (Gaza) y es un poderoso rival de Al Fatah, el partido de Abbás, incluso en el feudo de éste: la Margen Occidental.

El otro día, Abbás declaró abiertamente al diario Al Quds, el principal rotativo palestino: "No vamos a reconocer a Israel como estado judío". Bonita forma de coadyuvar a que las cosas salgan bien...

¿Qué hará Abbás? Incapaz de o reacio a hacer la paz, explotará el error táctico del presidente Obama en lo relacionado con la moratoria sobre la construcción en los asentamientos israelíes –a pesar de que este asunto no había sido un impedimento para las negociaciones en los 16 años previos–: si la moratoria no se prorroga el próximo día 26, el rais abandonará las negociaciones. Y no hace falta ser vidente para saberlo: lo ha dicho el propio Abbás.

Con esa manera de proceder, el líder de Al Fatah solucionará todos sus problemas: se evitará estampar su firma en un acuerdo definitivo, se defenderá de las críticas de Hamás y convertirá a Israel en el chivo expiatorio. Vaya jugada, ¿no? ¿Por qué no levantarse de la mesa? El mundo, que ya condena a Israel hasta cuando no hace más que defenderse, está más que dispuesto a culpar al Estado judío del fracaso de las negociaciones. Por otro lado, tenemos la creciente presión favorable al establecimiento de un Estado palestino incluso si fracasan las conversaciones, es decir, incluso si los palestinos no hacen la menor concesión: ¿por qué, entonces, habrían de hacerlas? Así pues, las conversaciones están bien diseñadas; pero, por desgracia, Abbás sabe perfectamente cómo dinamitarlas.

© The Washington Post Writers Group

Autor: Charles Krauthammer
Fuente:Libertad Digital

martes, 31 de agosto de 2010

¿Quieren un estado o no lo quieren?




Durante las últimas semanas los medios de prensa internacionales se han hecho eco de la noticia; van a relanzarse las conversaciones directas entre el primer Ministro de Israel y el líder de la "Autoridad palestina" para alcanzar un acuerdo de paz y establecer una fecha para la creación del estado palestino. Fecha que podría estar pensada para el año 2011 o como mucho el 2012. No queda mucho para la primera alternativa.No obstante dejémonos de películas de ciencia ficción y atengámonos a la realidad.

Hoy, terroristas palestinos matan a cuatro israelíes: Un atentado de terroristas palestinos ha acabado con la vida de cuatro israelíes en una carretera de Cisjordania, cerca de la ciudad de Hebrón. Todos eran miembros de la misma familia y una de las víctimas estaba embarazada.

Quien pensara que esto no iba a ocurrir es que o es un alma cándida o acaba de aterrizar de otro planeta. La experiencia debería enseñarnos ya que con quien te quiere ver muerto no caben ni diálogos ni conversaciones ni ofrecimientos, ni tratados ni nada que se nos antoja etéreo como el humo e imposible como que a la luna le salgan alas.

¿Quieren un estado palestino o no lo quieren? Hablamos de los propios afectados, presuntamente los propios "palestinos". Da la sensación que no lo quieren ni lo han querido nunca ¿sensación? No, sensación no es la palabra, es un hecho constatado por la evidencia. Nunca lo han querido porque su único y solitario afán es acabar para siempre con Israel ¿cuándo lo van a comprender los nobles pacifistas, los sencillos ideólogos de izquierda, las almas cantarinas de la derecha y el mundo entero? En especial occidente.

Porque las negociaciones que Benjamín Netanyahu y Mahmud Abás, van a iniciar el jueves próximo en Washington se supone que son de paz y son para alcanzar el acuerdo definitivo...obvio que no.

De momento un atentado contra una familia judía, cuatro asesinados, cuatro vidas y la vida de un bebé en gestación, ¿eso es por la paz? Eso no es por la paz, eso es un mensaje meridianamente claro de lo que realmente quiere el mundo islámico por un lado y los palestinos desconfigurados por una identidad que no pueden arrogarse, porque no sabrían que hacer con algo que nunca existió ni de que sentido dotar.

Si los "palestinos" quieren la paz, la paz real, entonces que en lugar de las tristes semillas del odio hagan brotar por una vez en sus corazones los verdes pastos de la esperanza.Porque habrá paz y un estado palestino conviviendo en paz al lado de Israel y en medio de un océano de histéricos e histriónicos musulmanes cuando el oscuro humo de un horno tenga el color del arco iris y el dulce aroma de millones de sonrisas en el aire, o tal vez a la luna le salgan alas.

Se busca buena gente para construir un mundo
31 Agosto 2010
Rafael T.Perez
kolisraelorg

La noticia: Libertad Digital