Una muy airada intervención en directo contra los políticos de los EE.UU en general, aunque también podríamos extrapolar su enfado contra los políticos en toda Europa.
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martes, 8 de noviembre de 2011
Un auténtico indignado
Una muy airada intervención en directo contra los políticos de los EE.UU en general, aunque también podríamos extrapolar su enfado contra los políticos en toda Europa.
miércoles, 7 de abril de 2010
Se trata de Jerusalén
La periodista Jana Beris comenta: "Que no me guste Netanyahu, a
quien no he votado, no cambia la historia". Se refiere a la historia de Jerusalén, tan cercana y, por lo que parece leyendo la prensa, tan lejana. Ciertamente, cualquier tratado de historia obliga a recordar algunas cosas.Por ejemplo, que la tan manoseada resolución 181 de la ONU de 1947, que determinaba la partición de la llamada Palestina entre un "Estado judío y otro árabe", saltó por los aires cuando los árabes declararon la guerra contra Israel. Y con la guerra se cargaron el carácter internacional que Jerusalén tenía en ella.
La conquista de Jerusalén por parte de Jordania, el éxodo de todos los judíos de la parte antigua, la destrucción de las sinagogas, entre ellas la prestigiosa sinagoga Hurva, y la larga ocupación jordana de la única capital histórica, cultural, religiosa y social que han tenido nunca los judíos.
El armisticio del 49 marcó la frontera de la Jerusalén ocupada y fue entonces cuando nació el concepto de "Jerusalén oriental", hasta entonces desconocido. A partir de la guerra del 67, los israelíes recuperaron la parte de Jerusalén ocupada por Jordania (cuya voluntad de dotar a Jerusalén de "capital palestina" brilló por su ausencia), y con ello cerraron la brutal herida que durante más de 17 años estuvo abierta en su mítica ciudad.
La Jerusalén actual, pues, no sólo es la plasmación de miles de años de historia, sino el resultado de las guerras que los árabes provocaron y perdieron.
Lo que los árabes llaman, pues, la "ocupación" de Jerusalén, fue para los israelíes la "liberación" de su única capital.
Y, como recuerda Florentino Portero cuando publicó en GEES, "Netanyahu tiene razón cuando afirma que construir asentamientos ya existentes en el entorno inmediato de Jerusalén no es una provocación, ni una ilegalidad, porque esos enclaves son parte de Israel, de la misma forma que la antigua ciudad de Koënisberg, donde se escribieron algunas de las páginas más trascendentales del pensamiento alemán, es hoy la ciudad rusa de Kaliningrado.
Los alemanes han asumido el coste de sus derrotas, y gracias a ello Europa se ha reconstruido. Los palestinos no y de ahí los problemas que padecemos". A pesar de ello, y a pesar de la unidad que existe en la población judía respecto a Jerusalén –recuerden la indestructible posición de Rabin al respecto–, Ehud Barak llegó a plantear en el 2000, en Camp David, el tema tabú de la división, por considerar un bien superior la posibilidad de un tratado de paz con los palestinos.
Y Arafat, como siempre, dijo que no. Después, llegaría la segunda intifada, el error más sangrante y destructivo de los muchos que acumula la causa palestina. Jerusalén, pues, no es una cuestión baladí, ni la obsesión fanática del duro Netanyahu, ni la enésima maldad de los israelíes. Es una cuestión fundamental del ser judío, ganado a pulso de luchas y tragedias, y cuyo estatus actual parte de las guerras vencidas por quienes no las provocaron.
Si hablamos, pues, de Jerusalén, no lo hagamos sin leer historia. ¿Significa, todo ello, que es lícito crear nuevos asentamientos en Ramat Shlomo? Legal y lícito, sin duda, oportuno, puede que no. Pero ello no valida los argumentos que ahora esgrime la Administración Obama, deseosa de ganarse la simpatía del políticamente correcto, masivamente obsesionado con Israel.
No deja de ser llamativo que Obama muestre una actitud tan rígida con Israel y a la vez estreche relaciones con gobiernos que destruyen todos los derechos fundamentales, o se disculpe con Gadafi porque alguien de su administración dijo que eso de llamar a la yihad contra Suiza no está bien. ¿Qué conseguirá Obama con su actitud? Crear una mayor sensación de soledad en Israel, aumentar la convicción de que el riesgo iraní se acrecienta, hundir aún más a la izquierda israelí y dar alas al extremismo palestino.
Es decir, un diez en estrategia geopolítica... Jerusalén no es un cromo que Obama pueda esgrimir para hacer populismo. Si no lo sabe, Rahm Emmanuel debería explicárselo. Si lo sabe, es un irresponsable.
Pilar Rahola
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lunes, 29 de marzo de 2010
¿Podrá Sarah Palin evitar que EEUU abandone a Israel?
Si hubiera que destacar tres discursos de Sarah Palin, habría que remitirse a los que pronunció en septiembre de 2009 en Saint Paul (Minnesota) y Hong Kong, y al del pasado 6 de febrero en
Nashville (Tennessee).Con el primero de ellos se presentó ante la Convención Republicana y se hizo popular en todo el mundo; con el segundo regresó al primer plano de la política, luego de su dimisión como gobernadora de Alaska: además, acuñó el término common sense conservatives; el tercero representó la unión entre la ex candidata a la vicepresidencia de EEUU y el movimiento Tea Party, no en vano lo presentó en su convención.
Y si hubiera que quedarse con uno sólo, me decantaría sin dudarlo por el último, el más comprometido políticamente.¿Qué atuendo llevaba puesto para la ocasión? Pues un austero pero elegante traje de chaqueta oscuro en el que lo que más destacaba era... ¡el pin que lucía en la solapa con las banderas de Estados Unidos e Israel juntas!
Tradicionalmente, la relación entre Estados Unidos e Israel ha sido firme como una roca. Tanto, que si no fuera por la fortaleza del respaldo estadounidense a Israel, éste muy posiblemente ya no existiría. Abrumado por una superioridad demográfica árabe que le sobrepasa por todos los lados, el pequeño milagro israelí refulge en Oriente Medio como una luz en medio de la oscuridad, atrayendo todas las miradas, incluso las más cargadas de odio.
Hasta ahora nadie dudaba de ese apoyo norteamericano a Israel. Hasta ahora, o, por mejor, decir, hasta la llegada a la Casa Blanca del presidente Obama.Estamos asistiendo a una grave crisis diplomática entre Washington y Jerusalén; crisis causada por Estados Unidos a raíz del anuncio de Israel de que seguiría construyendo viviendas para sus ciudadanos en la capital. Rápidamente, algunos voceros de la Casa Blanca aprovecharon para cargar contra Israel, cuya actuación calificaron de "afrenta" e "insulto" a EEUU.
Y el mundo árabe asiste complacido al espectáculo.Lo peor es que no se trata del desafuero de un oscuro funcionario de la Casa Blanca, sino algo que parece va a ser la norma de la nueva administración: acusar siempre a Israel. Norma que no deja de resultar comprensible, si recordamos que el presidente de Estados Unidos se llama Hussein de segundo nombre (por mucho que trate de disimularlo) y que entre sus mentores políticos se ha contado gente como el difunto Edward Said.
No pretendo acusar al presidente Obama de antisemitismo. La verdad es que no creo que lo sea. Pero sí le acuso de partidismo en una cuestión, la de Oriente Medio, en la que lo más fácil es pensar que todo se resolvería simplemente con que Israel no existiera. Entonces, todo el mundo sería feliz y no habría ni refugiados palestinos ni terrorismo islámico.
Cosas que pasan cuando uno pretende ser más inteligente de lo que es en realidad y encima está acostumbrado al método izquierdista de resolución de problemas mundiales: leer el periódico y echar las culpas a la parte que tiene mala prensa.
Si el presidente Obama no es ya un apoyo para Jerusalén, ¿en qué político norteamericano pueden confiar los israelíes? Pues en Sarah Palin. Ella es la única que se está oponiendo frontalmente a la política exterior de la administración Obama: apoya a Israel y se niega a asumir la existencia de un Irán dotado de armas nucleares.
El presidente da pasos y más pasos en la mala dirección; es la claridad de los argumentos de Sarah Palin, que no deja de ponerle en evidencia, lo que sin duda le está impidiendo dar el paso definitivo y abandonar Israel a su suerte.
Ya no es sólo que Sarah Palin haga públicas sus opiniones a favor de Israel en su página de Facebook, con todo lo que eso implica de inmediata repercusión en la opinión pública, no sólo estadounidense sino mundial, sino que es su propio historial en sus relaciones con los judíos de Alaska lo que nos ofrece todas las pruebas necesarias de la sinceridad de la ex gobernadora en esta cuestión.
Y si no, que se lo pregunten al rabí Yosef Greenberg, quien, luego de 17 años de residencia en Alaska, durante la campaña para las presidenciales dijo que, con Palin, el pueblo judío y el estado de Israel tendrían "una gran amiga y admiradora en la Casa Blanca".
Tan gran amiga que, por ejemplo, siendo alcaldesa de Wasilla, quiso acudir a la inauguración de la nueva sinagoga de la ciudad a pesar de que ningún miembro de la congregación había caído en invitarla. Y tan admiradora como para hacer pública, en mayo de 2008 y como gobernadora, una declaración oficial en la que celebraba el 60º aniversario de la fundación del estado de Israel.Estos son gestos que, de haber querido, podría haberlos evitado, pero no quiso.
Antes al contrario, estuvo encantada de hacerlos y de que se conocieran. Como estuvo encantada de lucir un pin con las banderas estadounidense e israelí en un lugar en que nadie las habría echado en falta si no las hubiera llevado. Ya sabemos que obras son amores y no buenas razones, y Sarah Palin ha demostrado su amor por Israel.
Ahora ha tomado la defensa de ese amor, que ha sido siempre el de su país, y la ha incluido entre las cuestiones que considera de cajón, "de sentido común", dando así al apoyo a Israel un significado político que muy posiblemente no haya tenido entre los estadounidenses desde los tiempos de Golda Meir y Moshé Dayán.
¿Sabrán los estadounidenses hacer suyo ese apoyo y advertir a sus dirigentes de que ese camino en el que están empeñados no lleva a la paz sino, antes al contrario, a la guerra? ¿Podrá Sarah Palin evitar que Estados Unidos abandone a Israel? ¿Celebrará el estado de Israel el centenario de su fundación? Yo confío en que sí. Confiemos todos juntos, pues.
© Semanario Atlántico
Autor: Bob Moosecon Conservador en Alaska.
Fuente: Libertad Digital
jueves, 27 de agosto de 2009
Israel no es el problema

Ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en Oriente Medio. Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso.
El presidente Obama y su Administración no se engañan sobre el reto que el islam plantea hoy a la estabilidad global ni sobre la dificultad de resolver alguno de los frentes abiertos, como Irak, Irán o Afganistán. Están convencidos de que la política seguida por Bush fue un error y tratan, con mejor o peor éxito, de establecer una nueva.
Los obamitas tienen una gran fe en la comunicación y en la fuerza de voluntad. A diferencia de los clintonitas son idealistas en su visión de la política exterior. Su punto de partida fue ¡cómo no! un discurso, que indudablemente es lo que mejor saben hacer. Con todas sus contradicciones y ambigüedades, las palabras de Obama ante la comunidad académica de El Cairo intentaron ser un punto de partida para establecer un nuevo entendimiento con el islam en general y el Mundo Árabe en particular. Para los musulmanes el discurso fue una rectificación de la política norteamericana y eso les parece muy bien.
Para una sociedad que ha crecido en la idea de que la responsabilidad de sus problemas es siempre de los demás el que un presidente norteamericano se desplace hasta Egipto para entonar un mea culpa es un gesto apropiado. Pero no sólo de palabras vive el hombre. Es tiempo de obras, de demostrar con actos la buena disposición de la nueva Administración norteamericana.Obama quiere contar con el bloque árabe para gestionar los tres frentes territoriales abiertos –Irak, Irán y Afganistán– así como el problema general del terrorismo yihadista y para eso tiene que demostrar su buena disposición allí donde los intereses de las partes chocan abiertamente: Palestina.
Obama ha pedido a Netanyahu que congele las construcciones en los asentamientos.
El hecho es en sí enormemente sintomático. Hasta la fecha la diplomacia occidental se había concentrado en lograr concesiones paritarias. Clinton intentó un acuerdo total y fracasó. Bush, desde la experiencia de su predecesor, optó por una aproximación por etapas, en las que las mutuas concesiones debían general confianza y facilitar nuevos avances. También fracasó.
Ahora Obama opta por un nuevo enfoque: primero debe ceder Israel y luego ya veremos.
La nueva filosofía parte de dos ideas importantes: que el problema es Israel y que la cuestión palestina es instrumental.Naciones Unidas ofreció a judíos y musulmanes la posibilidad de disponer de un Estado en la Palestina Occidental o Cisjordania al mismo tiempo.
Unos lo aceptaron y los otros no. Desde entonces Israel ha sufrido seis guerras, dos intifadas y una actividad terrorista constante, todo ello por ejercer el derecho a ser un Estado democrático. El que los palestinos vivan en peores condiciones que los israelíes es responsabilidad propia, la consecuencia de errores, de "no perder la oportunidad de perder una oportunidad" en célebre frase de Abba Eban. Su rechazo a la creación de Israel, su intento de aniquilar el nuevo Estado por la fuerza, la falta de grandeza de Arafat en Camp David, el desprecio de sus dirigentes por su propio pueblo al que utilizan como moneda de cambio, el absurdo mantenimiento de campos de refugiados en Estados árabes... todo ello ha abocado a la presente situación.
Ante ello Obama rompe el principio de paridad y no sólo no se ocupa de la víctima sino que presiona sobre ella para que dé el primer paso. Israel es presentado a la comunidad internacional como el obstáculo que impide avanzar hacia la paz, cuando la realidad es exactamente la contraria.El gesto de Obama es racional, aunque profundamente inmoral. Israel es más vulnerable a su presión que Arabia Saudí y, sobre todo, ya cuenta con su alianza. El gobierno de Jerusalén necesita de la ayuda que le suministra la Administración de Washington para sobrevivir. A corto plazo la amenaza iraní es capital y sólo Estados Unidos está en condiciones de hacerla desaparecer o de fortalecer la capacidad defensiva del estado judío.
La dependencia israelí de la ayuda norteamericana le hace potencial objeto de abusos.
La "congelación" de los asentamientos en Cisjordania es un gesto que esconde la gravedad de la situación. El problema que bloquea hoy el proceso de paz no es la posición de firmeza del gobierno Netanyahu sobre este tema sino dos hechos evidentes a todo el mundo: la falta de autoridad del gobierno palestino para participar en una negociación definitiva y el rechazo a aceptar la existencia de Israel por parte de Hamás. Una vez más la pelota está en el campo palestino, pero ahora la situación es mucho más complicada que en los días de Arafat ante la fractura provocada por el auge del islamismo.
No hay una posición palestina. ¿De qué valdrían los gestos de Netanyahu? Sólo para facilitar los intereses de la Administración Obama en la región y ésta sí es la clave de los movimientos diplomáticos a los que estamos asistiendo.Donde la racionalidad norteamericana no se hace tan evidente es en el plano estratégico. El Mundo Árabe es cualquier cosa menos un bloque, por lo tanto hay que ser muy escéptico a la hora de buscar su colaboración. El hecho determinante de la situación actual es el descrédito de los llamados gobernantes moderados y el auge del islamismo. Los radicales crecen por el desprestigio de sus rivales, pero también porque cuentan con ayudas importantes.
Los Hermanos Musulmanes reciben fondos de Arabia Saudí con los que desarrollan su actividad. El gobierno egipcio ha iniciado una nueva campaña para perseguirlos y debilitarlos. El director de los servicios de inteligencia marroquíes, Yassine Mansouri, ha reconocido públicamente que la estabilidad de su país está amenazada por Arabia Saudí e Irán, a través de la acción de los wahabitas y de Hizboláh, los mismos que están detrás de Hamás en Palestina.
A pesar de todo ello, Washington trata de calmar al gobierno de Israel explicándole que las concesiones que se le solicitan facilitarán la consecución de un objetivo esencial para su seguridad, el buen entendimiento con sus vecinos árabes. Pero, ¿hay alguien en Israel capaz de creer algo así? Cualquiera sabe que Egipto o Jordania pueden convertirse en estados islamistas en cualquier momento, que acuerdos supuestamente estratégicos pueden trasformarse en humo en muy poco tiempo. Por otro lado, ¿de qué valen esos acuerdos si Hamás sigue recibiendo ayuda y bloqueando el proceso negociador? La paz en la región pasa por combatir el radicalismo y fortalecer las instituciones representativas y los procesos de modernización.
Obama ha optado por el atajo de facilitar el diálogo, pero no es bueno confundir medios con fines. Está muy bien hablar francamente con Arabia Saudí de los problemas regionales, pero mientras la Casa de Saud continúe facilitando la llegada de fondos ingentes a formaciones radicales a lo largo y ancho del planeta sólo se estará perdiendo el tiempo. Arabia Saudí no es parte de la solución sino del problema palestino, pero cuando las prioridades son otras, cuando se quiere contar con Riad para tratar de resolver otros problemas este hecho deja de ser determinante.
Las presiones norteamericanas sobre Israel, tal y como han sido planteadas, son un ejemplo de apaciguamiento ante el Mundo Árabe que el gobierno de Jerusalén debe rechazar de plano. No se trata ahora de resolver si el crecimiento de determinados asentamientos es correcto, legítimo o legal. Por mi parte no he tenido nunca duda en afirmar que la creación de asentamientos ha sido el error más grave que ha cometido el estado de Israel a lo largo de su corta historia.
Pero ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en Oriente Medio.
Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso. Sharon le tuvo que recordar en cierta ocasión a Bush que Israel no era Checoslovaquia. La situación debió ser violenta, pero el tiempo demostró que aquél comentario era oportuno.
El presidente Obama y su Administración no se engañan sobre el reto que el islam plantea hoy a la estabilidad global ni sobre la dificultad de resolver alguno de los frentes abiertos, como Irak, Irán o Afganistán. Están convencidos de que la política seguida por Bush fue un error y tratan, con mejor o peor éxito, de establecer una nueva.
Los obamitas tienen una gran fe en la comunicación y en la fuerza de voluntad. A diferencia de los clintonitas son idealistas en su visión de la política exterior. Su punto de partida fue ¡cómo no! un discurso, que indudablemente es lo que mejor saben hacer. Con todas sus contradicciones y ambigüedades, las palabras de Obama ante la comunidad académica de El Cairo intentaron ser un punto de partida para establecer un nuevo entendimiento con el islam en general y el Mundo Árabe en particular. Para los musulmanes el discurso fue una rectificación de la política norteamericana y eso les parece muy bien.
Para una sociedad que ha crecido en la idea de que la responsabilidad de sus problemas es siempre de los demás el que un presidente norteamericano se desplace hasta Egipto para entonar un mea culpa es un gesto apropiado. Pero no sólo de palabras vive el hombre. Es tiempo de obras, de demostrar con actos la buena disposición de la nueva Administración norteamericana.Obama quiere contar con el bloque árabe para gestionar los tres frentes territoriales abiertos –Irak, Irán y Afganistán– así como el problema general del terrorismo yihadista y para eso tiene que demostrar su buena disposición allí donde los intereses de las partes chocan abiertamente: Palestina.
Obama ha pedido a Netanyahu que congele las construcciones en los asentamientos.
El hecho es en sí enormemente sintomático. Hasta la fecha la diplomacia occidental se había concentrado en lograr concesiones paritarias. Clinton intentó un acuerdo total y fracasó. Bush, desde la experiencia de su predecesor, optó por una aproximación por etapas, en las que las mutuas concesiones debían general confianza y facilitar nuevos avances. También fracasó.
Ahora Obama opta por un nuevo enfoque: primero debe ceder Israel y luego ya veremos.
La nueva filosofía parte de dos ideas importantes: que el problema es Israel y que la cuestión palestina es instrumental.Naciones Unidas ofreció a judíos y musulmanes la posibilidad de disponer de un Estado en la Palestina Occidental o Cisjordania al mismo tiempo.
Unos lo aceptaron y los otros no. Desde entonces Israel ha sufrido seis guerras, dos intifadas y una actividad terrorista constante, todo ello por ejercer el derecho a ser un Estado democrático. El que los palestinos vivan en peores condiciones que los israelíes es responsabilidad propia, la consecuencia de errores, de "no perder la oportunidad de perder una oportunidad" en célebre frase de Abba Eban. Su rechazo a la creación de Israel, su intento de aniquilar el nuevo Estado por la fuerza, la falta de grandeza de Arafat en Camp David, el desprecio de sus dirigentes por su propio pueblo al que utilizan como moneda de cambio, el absurdo mantenimiento de campos de refugiados en Estados árabes... todo ello ha abocado a la presente situación.
Ante ello Obama rompe el principio de paridad y no sólo no se ocupa de la víctima sino que presiona sobre ella para que dé el primer paso. Israel es presentado a la comunidad internacional como el obstáculo que impide avanzar hacia la paz, cuando la realidad es exactamente la contraria.El gesto de Obama es racional, aunque profundamente inmoral. Israel es más vulnerable a su presión que Arabia Saudí y, sobre todo, ya cuenta con su alianza. El gobierno de Jerusalén necesita de la ayuda que le suministra la Administración de Washington para sobrevivir. A corto plazo la amenaza iraní es capital y sólo Estados Unidos está en condiciones de hacerla desaparecer o de fortalecer la capacidad defensiva del estado judío.
La dependencia israelí de la ayuda norteamericana le hace potencial objeto de abusos.
La "congelación" de los asentamientos en Cisjordania es un gesto que esconde la gravedad de la situación. El problema que bloquea hoy el proceso de paz no es la posición de firmeza del gobierno Netanyahu sobre este tema sino dos hechos evidentes a todo el mundo: la falta de autoridad del gobierno palestino para participar en una negociación definitiva y el rechazo a aceptar la existencia de Israel por parte de Hamás. Una vez más la pelota está en el campo palestino, pero ahora la situación es mucho más complicada que en los días de Arafat ante la fractura provocada por el auge del islamismo.
No hay una posición palestina. ¿De qué valdrían los gestos de Netanyahu? Sólo para facilitar los intereses de la Administración Obama en la región y ésta sí es la clave de los movimientos diplomáticos a los que estamos asistiendo.Donde la racionalidad norteamericana no se hace tan evidente es en el plano estratégico. El Mundo Árabe es cualquier cosa menos un bloque, por lo tanto hay que ser muy escéptico a la hora de buscar su colaboración. El hecho determinante de la situación actual es el descrédito de los llamados gobernantes moderados y el auge del islamismo. Los radicales crecen por el desprestigio de sus rivales, pero también porque cuentan con ayudas importantes.
Los Hermanos Musulmanes reciben fondos de Arabia Saudí con los que desarrollan su actividad. El gobierno egipcio ha iniciado una nueva campaña para perseguirlos y debilitarlos. El director de los servicios de inteligencia marroquíes, Yassine Mansouri, ha reconocido públicamente que la estabilidad de su país está amenazada por Arabia Saudí e Irán, a través de la acción de los wahabitas y de Hizboláh, los mismos que están detrás de Hamás en Palestina.
A pesar de todo ello, Washington trata de calmar al gobierno de Israel explicándole que las concesiones que se le solicitan facilitarán la consecución de un objetivo esencial para su seguridad, el buen entendimiento con sus vecinos árabes. Pero, ¿hay alguien en Israel capaz de creer algo así? Cualquiera sabe que Egipto o Jordania pueden convertirse en estados islamistas en cualquier momento, que acuerdos supuestamente estratégicos pueden trasformarse en humo en muy poco tiempo. Por otro lado, ¿de qué valen esos acuerdos si Hamás sigue recibiendo ayuda y bloqueando el proceso negociador? La paz en la región pasa por combatir el radicalismo y fortalecer las instituciones representativas y los procesos de modernización.
Obama ha optado por el atajo de facilitar el diálogo, pero no es bueno confundir medios con fines. Está muy bien hablar francamente con Arabia Saudí de los problemas regionales, pero mientras la Casa de Saud continúe facilitando la llegada de fondos ingentes a formaciones radicales a lo largo y ancho del planeta sólo se estará perdiendo el tiempo. Arabia Saudí no es parte de la solución sino del problema palestino, pero cuando las prioridades son otras, cuando se quiere contar con Riad para tratar de resolver otros problemas este hecho deja de ser determinante.
Las presiones norteamericanas sobre Israel, tal y como han sido planteadas, son un ejemplo de apaciguamiento ante el Mundo Árabe que el gobierno de Jerusalén debe rechazar de plano. No se trata ahora de resolver si el crecimiento de determinados asentamientos es correcto, legítimo o legal. Por mi parte no he tenido nunca duda en afirmar que la creación de asentamientos ha sido el error más grave que ha cometido el estado de Israel a lo largo de su corta historia.
Pero ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en Oriente Medio.
Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso. Sharon le tuvo que recordar en cierta ocasión a Bush que Israel no era Checoslovaquia. La situación debió ser violenta, pero el tiempo demostró que aquél comentario era oportuno.
Autor: Florentino Portero
Fuente: http://www.libertaddigital.com/
Fuente: http://www.libertaddigital.com/
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