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martes, 17 de abril de 2012

Hacia una comprensión de la Shoa


Casi 60 años pasaron desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y de la caída del nazismo. Sin embargo la herida del Holocausto sigue abierta en el cuerpo del pueblo judío, como así también la polémica. ¿Cómo fue posible? ¿Por qué no se resistieron? ¿Por qué no se rebelaron? ¿Sabían los aliados lo que estaba ocurriendo? Preguntas y más preguntas, interrogantes y más interrogantes. Mientras tanto, los sobrevivientes van muriendo, los asesinos siguen escapando al castigo y las voces negadoras de la Shoa cada vez cobran más fuerza.

Tras muchos años de estudiar el tema, he llegado a algunas conclusiones que considero que son las más aproximadas a una explicación del Holocausto. No digo que sean verdades absolutas ni que sean la respuesta definitiva, sino que son algunos elementos que el día de mañana podrá servir para entender lo ocurrido y evitar que vuelva a ocurrir.

¿Fue un suceso único en la historia Judía?
Entre los siglos XI y XIII, durante las Cruzadas, 150 comunidades judías del Valle del Rin, más cinco importantes comunidades inglesas fueron arrasadas. El número de víctimas se calcula en unos 170.000 entre una población judía en Europa estimada en unos tres millones y medio de individuos.
Por la plaga desatada en el siglo XIV (la Peste Negra o peste bubónica), los judíos, acusados de haberla provocado, fueron masacrados en Francia, Alemania, Austria, Bohemia e Italia (cantidad de víctimas calculadas: unas 280.000).

La Inquisición española es considerada responsable directa de la muerte de más de 100.000 judíos.
Los cosacos de Chmelnicki, entre los años 1648/54 asesinaron a más de 100.000 judíos en Podolia, Wolinia y la Ucrania polaca (en esa época vivían en Polonia unos 800.000 judíos). Masacres, persecuciones, acusaciones.

Vemos que son una constante en la historia judía. Desde este aspecto la Shoa no tiene nada de original, nada de nuevo, pero… fue en nuestros tiempos, todos conocemos a alguien con un número tatuado, sobre todo acá en Israel, todos conocemos historias de primera mano, relatadas por sus protagonistas, y ese es uno de los factores que hacen diferente a la Shoa. No leemos acerca de ella en viejos libros de historia, sino que podemos recorrer los lugares en que ocurrió la tragedia y ver todavía las huellas de la misma.

Otro factor es que en los casos anteriores existía la opción de la conversión, mientras que los nazis enviaron a las cámaras de gas a cristianos profesantes (incluso curas y monjas) porque descendían de judíos. Tenemos que remontarnos a los tiempos de Ester para hallar un paralelo de esta furia asesina. También Hamán quiso exterminar a todos los judíos sin que importara su religión.

Si quisiéramos buscarle una explicación a la Shoa, también tendríamos que encontrársela a las otras masacres: odio religioso, codicia por los bienes judíos, endeudamiento de los nobles con los prestamistas judíos, etc., todo esto sirvió como detonante, y al mismo tiempo sentó las bases “morales” para la actuación del nazismo, proporcionando a Hitler y sus secuaces la impunidad basada en 2000 años de historia sangrienta.

Metodología del asesinato
Otra diferencia con las masacres anteriores es la metodología aplicada.

Mientras que en los casos anteriores las turbas se lanzaban sobre los judíos, degollándolos sin piedad, o tribunales secretos arrancaban confesiones por medio de la tortura y juzgaban a sus víctimas, condenándolas en base a esas confesiones, los nazis aplicaron todos sus recursos humanos y técnicos en su tarea.

Inclusive se puede hablar del uso de la psicología para preparar a sus víctimas y asegurarse su docilidad. Sería muy largo explicar todos los pasos que seguían los nazis, pero se puede hacer un resumen.
Antes que nada debo aclarar que en Europa Oriental aplicaron un método diferente al aplicado en Occidente.
Vamos a hablar primero de Europa Oriental, donde se encontraban las concentraciones más grandes de judíos.

El eje de la vida judía en Polonia, Rumania, etc., estaba centrado en el Shtetl, el pequeño pueblito tan conocido a través de las historias de Sholem Aleijem y Mendele Mojer Sforim. Cuando las fuerzas nazis entraban a estos villorrios, lo primero que hacían era ejecutar a los dirigentes de las comunidades, descabezándolas. Luego todos los habitantes eran forzados a abandonar el lugar donde habían vivido por generaciones, para ser conducidos a las grandes ciudades como Varsovia, Cracovia, Lodz, etc. Sin dirigentes, desarraigados, se veían enfrentados a lo desconocido.

En las ciudades, ante la notable afluencia de judíos de los alrededores, estallaban motines “espontáneos” (organizados por los mismos alemanes con la complicidad de los antisemitas locales), por lo que los nazis, para “proteger” a los judíos, los confinaban en sectores determinados de la ciudad, y es ahí donde los judíos de Polonia, Lituania, etc., encontraban algo que les era familiar, algo a lo que estaban acostumbrados, el ghetto. “Si había un ghetto, es que no pasaba nada raro”, pensaban. Luego los nazis designaban los Judenrat, los Consejos Judíos, integrados por notables de la comunidad, creando así entre las masas la ilusión de un autogobierno.

Poco a poco las condiciones en los ghettos iban empeorando. Y es entonces cuando los nazis ponen en práctica la segunda parte de su plan: el reclutamiento de mano de obra esclava para las diversas fábricas. Para ello obligan a los Judenrat a elaborar padrones de personas aptas para el trabajo, a las cuales se provee de cartillas en las que consta que son obreros de algunos de los muchos establecimientos. Y es aquí cuando comienza un juego verdaderamente macabro, destinado a hacer desaparecer los últimos vestigios de fuerza moral en los judíos. Se inician las deportaciones con destino desconocido. Al principio los deportados son los que carecen de la mencionada cartilla. Los afortunados, junto con sus familias, permanecen a salvo. Pero un día comienza a circular el rumor de que saldrá un nuevo tipo de cartilla que reemplazará al anterior, rumor que es confirmado por el Judenrat. Hay quienes dicen que la nueva cartilla no es otra cosa que una trampa para atrapar a los que no están empadronados, y se aferran a la cartilla original, mientras que otros optan por cambiar. Se produce una redada y los que poseen la nueva cartilla están a salvo, mientras que los otros son deportados. Tras unos días de tranquilidad, hay otra redada y sin que importe la cartilla que poseen, los que son capturados desaparecen. Y otra vez el juego vuelve a comenzar. Esto va minando la resistencia moral de las víctimas, las que en definitiva terminan entregándose a su destino.
Desaparición de dirigentes, desarraigo, pogroms, el retorno del ghetto, “autogobierno”, el juego de las cartillas, todo eso elimina cualquier atisbo de rebelión.

Y por fin viene la gran comedia del transporte hacia “los campos de trabajo en el este”. Es la posibilidad de salir del ghetto e iniciar una nueva vida en “territorios autónomos”, alejándose para siempre de los cadáveres en las calles y el terror nocturno. Y los trenes de ganado parten hacia los campos de exterminio.

Al llegar no se les da tiempo de reaccionar. Las familias son separadas con una celeridad pasmosa. Luego viene la primera selección. Los que van a las cámaras se ven bombardeados hasta el último momento con mentiras en las que prefieren creer. Hay oficiales nazis que piden enfermeras, peluqueros, sastres, y las pobres víctimas creen que hay una posibilidad. Les entregan el jabón, que nadie examina (solo unos pocos se dan cuenta que son trozos de piedra) y se produce la entrada a las cámaras. Es el fin.

En Europa Occidental la metodología es distinta. El judío no es tan fácilmente identificable, pues está asimilado a la sociedad circundante. Pero los nazis encuentran la forma de reconocer a sus víctimas. En cada ciudad se abren centros para gestionar los nuevos documentos de identidad. Cada uno debe llenar un cuestionario aparentemente anodino: nombre, apellido, dirección, profesión y… religión que profesa (hay un apartado que dice: “En caso de no profesar ninguna religión, ¿sus padres profesaban alguna?”). Así son identificados los judíos.

Al judío francés u holandés no se lo puede encerrar en un ghetto. Se lo señala con la estrella amarilla y se lo excluye de la actividad pública y comercial, de las escuelas, de las profesiones liberales. Se lo va estrangulando económicamente. Luego es llevado a campos de tránsito donde cada familia continua unida, hay escuelas y actividades culturales. Hasta que un día se lo hace subir a un tren de pasajeros con todas las comodidades de un tren común, con destino a… la muerte.

Uno de estos trenes se detuvo en una ocasión en una estación alemana. Una mujer aria pura, esposa de un héroe de la Luftwaffe, subió por error con sus dos hijos al convoy. Cuando se quiso dar cuenta, había llegado a Treblinka. De nada le valió mostrar sus documentos y los de sus hijos. Lo que estaba ocurriendo en el lugar era secreto, así que fue gaseada junto con sus hijos… como los judíos.

Como detalle debo agregar que el porcentaje de sobrevivientes más grande se da entre los judíos de Europa Oriental, por una razón muy simple. El judío del este está acostumbrado a luchar con uñas y dientes para sobrevivir desde hace generaciones, está acostumbrado a verse despreciado, golpeado, humillado, y tiene la fuerza necesaria para resistir, el instinto para sobrevivir, mientras que el judío del oeste se ve arrancado de un mundo en el que no se diferenciaba del no judío, para verse arrojado a un infierno que nunca había imaginado. Este hombre, que a lo mejor vivía en el mejor barrio parisino, enviaba a sus hijos a la más exclusiva de las escuelas, se ve de pronto transformado en un simple número, se ve degradado, rebajado, entonces se abandona a la muerte, cuando no se suicida directamente.

¿Los aliados dónde estaban?
Es evidente que desde la asunción de Hitler al poder el mundo entero veía venir la tormenta. En “Mi lucha” ya se habla de suprimir a los judíos.

Pero las potencias de entonces se mantuvieron indiferentes.
Nada se dijo de las leyes raciales, nada se dijo cuando “la Noche de los Cristales”, el barco “St. Louis” con su triste carga de casi mil refugiados, tras deambular por medio mundo, debió volver a Hamburgo, pues nadie quería a esos judíos (el gobierno de EEUU, inspirado por Joseph Kennedy, padre de John y conocido germanófilo, presionó al gobierno cubano para que no permitiera el desembarco de los refugiados), los aliados interceptaron informes de los Einsartzgruppen que daban cuenta de los fusilamientos en Rusia y las cantidades de víctimas, hay numerosas fotos aéreas de Auschwitz, el suicidio de Zigelboim en Inglaterra fue en vano, nadie quería escuchar el informe de los exterminios, la Cruz Roja visitaba ghettos y campos como Therezinstadt y aceptaban la palabra de los alemanes, sin escuchar a las víctimas y fue el general Patton el que dijo, al liberar Mauthausen:Tendríamos que haber llegado dos días más tarde”, Suiza devolvió a los judíos que cruzaban sus fronteras, Suecia realizaba negocios con Alemania, la Ford era socia de la Volkswagen y hacía grandes negocios con Alemania, mientras los soldados americanos morían en África, en Italia y en Normandía, el Vaticano callaba, aunque muchos cristianos iban a las cámaras de gas como judíos, mientras aplaudía que en Dresde se hubiera consagrado una iglesia a nombre de Hitler.

El mundo sabía, el mundo era indiferente, el mundo era cómplice.

De resistencia y resistentes
Mucho se habla de la falta de resistencia por parte de los judíos. Sin embargo no es tan así.
Si bien los actos de rebelión armada fueron pocos, hubo otros actos que pueden ser catalogados de resistencia.

En los ghettos se efectuaban ceremonias religiosas (prohibidas por los nazis), había ieshivot, los movimientos sionistas montaron escuelas y entrenaban a futuros jalutzim, historiadores como Ringelblum llevaban diarios donde se narraban los sucesos en los ghettos (estos diarios, junto con declaraciones de sobrevivientes, sirvieron para reconstruir la historia del Ghetto de Varsovia), en los orfanatos se trataba de mantener una chispa de esperanza en los niños, los dibujantes del “taller de arte” de Therezinstadt ilustraron con sus dibujos clandestinos la verdad sobre este “ghetto modelo” creado por los nazis para engañar al mundo.

Todas estas pueden también ser consideradas formas de resistencia tan válidas como la lucha armada.

Conclusión
No fue un caso único en la historia judía, pero por la forma en que fue llevado a cabo, asume características particulares.

¿Por qué se produjo? Causas económicas, políticas, y por sobre todas las cosas, como dije antes, 2000 años de antisemitismo, que le dieron la base moral al nazismo para actuar.

Una de las consecuencias visibles de la Shoa es que la situación de los sobrevivientes en una Europa que se había convertido en un inmenso cementerio hizo perentorio el dar una solución para esta gente, y sirvió como factor de presión para que las Naciones Unidas terminaran votando la Partición de Palestina y el nacimiento de un estado judío. No fue el único factor, pero si uno de los más importantes.

Repito lo dicho al principio de este artículo. Hubo muchas masacres a lo largo de la historia judía. Pero la Shoa nos duele más porque está cercana a nosotros en el tiempo, porque conocemos sobrevivientes, porque sabemos sus historias ya que nos las narraron en directo, sabemos los nombres de nuestros parientes asesinados y vemos sus rostros en alguna fotografía borrosa. Y está en nosotros no permitir que esos rostros pierdan un día sus nombres.

Autor: Israel Winicki
Fuente: http://www.porisrael.org/

viernes, 9 de enero de 2009

A quienes comparan a Israel con los nazis






Por Yosef Levi-Sfari.
Cónsul Israelí y Portavoz de la Embajada de Israel en Uruguay
Jueves 8 enero 2009

Los últimos días vimos aparecer, en Uruguay, al lado de numerosos artículos de opinión expresando su comprensión a las causas por las que Israel se vio obligado a defender a su población, unas pocas opiniones virulentamente antiisraelíes.
La crítica a Israel o a sus políticas es completamente legítima. Es más, Israel es uno de los países en los que la polémica y la confrontación de ideas por parte de la prensa y la opinión pública están más arraigados, al punto que criticar ácidamente al gobierno de turno, sea cual fuere su signo político, hacer rodar cabezas, y "sacrificar vacas sagradas" como solemos decir en Israel, llega casi al grado de deporte nacional. Valga entonces la aclaración: no tenemos problema alguno con las críticas, y estamos dispuestos a explicarlas una a una e ir respondiéndolas sin esquivarle al meollo del asunto.

El Estado de Israel no está exento de equivocaciones ni de yerros, enfrentándonos como lo hacemos desde los albores de nuestra existencia con una realidad sumamente compleja.
Nuestro país crece y se desarrolla a pesar de un conflicto crónico, y está constantemente dispuesto a escuchar voces distintas con ideas sobre cómo manejar dicho conflicto ­que, digámoslo claramente, sólo para Israel es vital y existencial­ de la mejor manera posible, con el menor número posible de afectados, damnificados y víctimas, propias y ajenas.

Pero también están quienes pecan de miopía y observan por voluntad propia al conflicto con una mirada estrecha y falta de perspectiva, como equino con anteojeras, y que despiertan puntual e infaliblemente a la hora exacta en que el caldero rebalsa ­ni un minuto antes­ declamando de memoria la cantilena de que Israel es el único villano de la película, y compitiendo entre sí como infantes quién de ellos se llevará la palma enhebrando la mayor cantidad de epítetos, de eslogans, de lugares comunes, de insultos gratuitos, de clisés, de bajezas, de frases hechas, de viejas consignas y de comparaciones descabelladas, copiando y pegando viejos textos y desempolvando pancartas confeccionadas para alguna crisis anterior.

El ejemplo más extremo de dicho fenómeno, lo constituye la comparación de los actos de gobierno, de defensa o de guerra del Estado de Israel, con el horror de los crímenes perpetrados por los nazis. El paralelismo entre ambos, indispensable aclararlo en primer lugar, ha sido formalmente tachado de antisemitismo por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, organismo de la Unión Europea.

Dicha organización emitió hace unos años un documento, en el que establece que determinadas críticas al Estado de Israel, sus gobiernos o políticas, no son sino claras expresiones de neoantisemitismo, convenientemente camufladas en esta época de corrección política como un supuesto "antisionismo".
Entre ellas menciona la comparación entre las acciones israelíes y los crímenes nazis; la negación del derecho a la autodeterminación del pueblo judío, al acusar a Israel de racismo; o la aplicación de doble rasero, pretendiendo de Israel lo que no se demanda ni se exige de ningún otro país en el mundo.

Lo dicho: la Unión Europea considera a expresiones de dicho tenor, cada una de ellas, como antisemitas. Si de crítica constructiva o de argumentación sólida se tratase, nuestros detractores se expresarían sin ninguna necesidad de echar mano a comparaciones con el delito más vil cometido en la historia de la Humanidad: tal paralelismo sería en dicho caso completamente contraproducente, al crear en el oyente un antagonismo inmediato, y terminaría por debilitar irremediablemente al mejor de los argumentos.

Es que no se trata de crítica constructiva: se trata de una táctica mendaz, destinada a destruir el más mínimo denominador común y rehuir así toda posibilidad de debate coherente o de valor alguno, método cuya única finalidad es la de demonizar al Estado de Israel por motivos ideológicos. Recordemos a los que osan acudir a la comparación con los crímenes de la Alemania hitleriana ­ya que parecen adolecer de un grave problema de amnesia selectiva, aún si entre los mismos hay quienes por su edad podrían haber sido personalmente víctimas o testigos de la barbarie nazi­ los hechos descarnados: el régimen nazi (elegido democráticamente en unas elecciones populares, al igual que el régimen de Hamas) se puso como meta el exterminio cuidadosamente premeditado, planificado y sistemático del pueblo judío de la faz de la tierra, hasta el último de nosotros.

Hitler pretendió apoderarse de toda Europa camino de la conquista del mundo, en tanto sus planes satánicos se saldaron con decenas de millones de muertos en sólo 6 años, seis millones de ellos judíos inocentes, masacrados industrialmente, asfixiados en cámaras de gas, asesinados en fusilamientos masivos de familias, aldeas y ciudades enteras, quemados vivos, dejados a su suerte hasta morir de inanición, hacinamiento o enfermedades; muertos durante experimentos médicos, torturados sádicamente, todo ello hasta exterminar con esos y otros métodos una tercera parte del pueblo judío. Resulta tristemente irónico que, de haberse los nazis salido con la suya hasta las últimas consecuencias, algunos de los propios maldicientes no serían hoy más que un puñado de cenizas esparcido por alguno de los campos de exterminio.

Sus invectivas contra Israel no los hubiesen exonerado del pecado de ser judíos, ni salvado de la suerte del resto de sus hermanos. Cabe a esta altura la pregunta: ¿Por qué es sólo Israel el blanco de sus diatribas? ¿Alguien los ha escuchado vociferar contra la limpieza étnica cometida en la provincia de Darfur en Sudán, con más de medio millón de víctimas hasta hoy? ¿Elevaron nuestros criticones sus voces al cielo, comparando las ejecuciones públicas de homosexuales en Irán por sólo serlo, con la matanza de homosexuales identificados por un triángulo rosa a manos de los nazis?

Tampoco el grupo terrorista Hamas, que ganó en primer lugar las elecciones legislativas en Gaza y luego derrocó cruentamente al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Abu Mazen, apoderándose violentamente del poder de la Franja, motivó que los críticos de Israel despertaran de su voluntario letargo, a pesar de que exactamente de la misma manera fue que los nazis se apropiaron del poder, en la Alemania de 1933.

Es el mismo Hamas que instauró en Gaza una dictadura totalitaria confesional inspirada y fomentada por Irán, que prohibe toda crítica y el menor atisbo de disenso.
Es una tiranía fundamentalista, que liquidó a sus contrincantes arrojándolos al vacío desde los edificios más altos de Gaza, para inspirar terror; y que instauró el imperio de la ley islámica, por cuyo mandato son cortadas las manos de los ladrones, castrados los violadores y ejecutado todo "traidor" al camino del fanatismo.
Es el mismo Hamas que adoctrina a los niños de Gaza en el culto a la muerte desde la más tierna edad, inculcándoles un odio ciego contra Israel que les permita reclutarlos fácilmente como carne de cañón en atentados suicidas, o como escudos humanos.

A pesar de todo eso, Hamas nunca tuvo el dudoso honor de ser comparado con el régimen nazi. Y con toda razón. Porque a pesar de ser un enemigo jurado y declarado del Estado de Israel, y de avasallar los derechos fundamentales de su propia población civil y de la israelí, y de sus deleznables actos terroristas, Hamas no se aproxima siquiera remotamente a la barbarie nazi, la más estrepitosa bancarrota moral a la que haya llegado jamás el género humano: la constitución de fábricas industrializadas, perfectamente organizadas, por cuyas líneas de producción ingresaban hombres, mujeres y niños judíos, y salían convertidos en cadáveres, los que una vez arrancados sus dientes de oro, aprovechados sus cabellos para rellenar colchones y su grasa para fabricar jabón, eran reducidos a cenizas.

El propio Hamas, aún siendo acérrimo enemigo que niega el derecho a la existencia del Estado de Israel, no pretende el exterminio sistemático de sus ciudadanos, sino que llama "sólo" a la destrucción del país como entidad política y soberana.
No dejemos de decir lo que cae de maduro: la comparación del Estado de Israel con el nazismo, es una variante particularmente despreciable del negacionismo de la Shoá, y una brutal falta de respeto por las víctimas de la barbarie nazi, incluyendo los sobrevivientes que aún están con nosotros.

La comparación de Israel con los nazis, pauperiza el debate de ideas, al nivel más pueril posible: el del golpe bajo, el de atacar al objetivo cualquiera sea el precio, el de la calumnia y la injuria.

Es una forma de antisemitismo rabioso, porque no pretende en modo alguno venir en defensa de los palestinos ­en su mayor parte moderados, laicos y deseosos de alcanzar la paz, y que aborrecen de Hamas y su política de sangre y fuego no menos que nosotros­, sino que viene sólo a atacar al Estado judío. Por esa misma razón, la filípica es siempre lanzada en el momento mismo en que Israel reacciona a la agresión de turno en su contra, y nunca un minuto antes, cuando Israel es atacado, descontextualizando sus motivos, tergiversando falazmente dichos y hechos, trastrocando manipulativamente causas por consecuencias y viceversa.

Todo método dialéctico vale cuando de atacar a Israel se trata, y para eso el neoantisemita va siempre dispuesto a revolver en la herida que jamás cicatrizará: el carísimo recuerdo por los 6 millones de nuestros padres y abuelos asesinados por el mero hecho de ser judíos.
No sería posible concluir estos conceptos, sin dirigirnos a los miembros de nuestro propio pueblo que prestan con tanta facilidad su pluma a la banalización de la Shoá.
A ellos ­como a los otros­ los invitamos: siéntanse con libertad de criticar a Israel, que no está exenta de errores ni inmune a la opinión adversa.

Pero anímense a hacerlo seriamente, sumando valor agregado al debate, con argumentos que ilustren los acontecimientos. Analicen la complejidad de la situación, interésense por los hechos (por TODOS los hechos), practiquen el ejercicio de ponerse en lugar de los demás - ­de TODOS los demás -­, luego de lo cual ofrezcan alternativas, sugieran posibles soluciones, los invitamos incluso a visitar el lugar de los acontecimientos (de TODOS los acontecimientos).

En síntesis, intenten practicar la crítica constructiva; nosotros por nuestra parte, trataremos de dar respuestas a cada uno de sus alegatos e interrogantes. Las comparaciones con el nazismo, un fenómeno sin parangón, son por definición imposibles, y hablan más de quien las emplea que de sus supuestos objetos. Por favor, dejen la memoria de la Shoá en paz.

Publicado en La República de Uruguay el 7 de enero de 2009.



Principio y ley fundamental de la física:
Toda acción conlleva una reacción.
¿Israel, agresor o agredido?