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miércoles, 5 de mayo de 2010

Se celebra el juicio por la agresión antisemita a un joven judío en pleno centro de Madrid




Para todos aquellos que pusieron en duda la agresión antisemita de una "socialista" y del PSOE contra un joven, y que afirmaron que todo había sido un vil montaje de los "judíos", un consejo, dejad de hacer el ridículo ¿No os basta con ser unos mentirosos y haberos aliado con lo peor de las tiranías del planeta?. No os estáis dando cuenta, pero dais pena, cada día más.
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Este martes se ha celebrado el juicio por la agresión que un joven judío sufrió a manos de una mujer que presumió de ser del PSOE. La acusada, que también presentó denuncia, ha ofrecido un espectáculo de incongruencias e histrionismo. Problemas técnicos han impedido la participación de un testigo.

En una sesión marcada por los problemas técnicos, que han impedido la participación de un testigo a través de videoconferencia, y por el comportamiento poco ortodoxo de una de las partes, este martes se ha celebrado en Madrid el juicio de faltas por la primera agresión física antisemita de la que se tiene noticia en nuestro país.

Como bien recordarán los lectores de Libertad Digital, los hechos ocurrieron el pasado mes de febrero y consistieron, según la versión que el propio agredido nos ofreció, en una agresión racista en toda regla, con un variado catálogo insultos antisemitas e incluso violencia física.

El estado de la Justicia
Lo primero que se ha podido comprobar en la sesión que ha tenido lugar en los madrileños Juzgados de Plaza de Castilla es el estado mejorable de nuestra Administración de Justicia: el juicio ha empezado tarde, la espera ha tenido lugar en un pasillo un tanto destartalado y se ha tendido que cambiar de sala a una cinco pisos más arriba antes del inicio. Lo peor, no obstante, ha ocurrido justo antes de empezar la vista: de los dos testigos previstos uno no se ha presentado y el segundo no ha podido participar porque no se ha conseguido poner en marcha el sistema de videoconferencia.

Contradicciones, histrionismo...
Aunque la sentencia tardará todavía semanas en llegar, para todos los presentes en la sala la impresión que han ofrecido las dos partes de la causa ha sido muy diferente y podría resultar bastante determinante: la acusada, que responde a las siglas A.C.B., se ha referido en todo momento a la otra parte como "ese tipo" y ha mantenido una actitud conflictiva que ha llevado a que en varios momentos de la vista haya sido reprendida, si bien con suavidad, por la juez.

Además, A.C.B, una mujer de mediana edad elegantemente vestida y con un cuidadísimo peinado, ha hecho una peculiar narración de los hechos en la que ha entrado en diversas contradicciones, tanto con su anterior versión al presentar su propia denuncia, como en diversos momentos del mismo juicio. Y, por supuesto, ha negado la versión de los hechos del joven agredido, cuyas siglas son R.C.H.

En cuanto a las contradicciones hay varios ejemplos: en primer lugar ha dicho que se encontraba "ayudando a una señora de provincias" a sacar un boleto de aparcamiento cuando fue increpada por la otra parte por tardar demasiado y no dejar libre la máquina, pero luego ha referido que no dejaba paso por la acera.

Del mismo modo, en un principio ha asegurado que no dijo nada que desatase la "agresividad brutal" que según ella lució la otra parte; sin embargo más tarde admitió haber dicho que "Palestina era para los palestinos" antes de que el joven agredido la "amenazase de muerte, él y toda la comunidad judía".

Mientras tanto no perdió la oportunidad de faltar al respeto a la otra parte, de quién dijo que "pensaba que iba disfrazado de carnaval" (recordemos que el joven agredido, R.C.H., viste del modo tradicional jasídico) y del que también ha asegurado que durante el incidente "estaba loco".

Por último, a pesar de que según los abogados de R.C.H. es administradora de dos sociedades, de su aspecto adinerado y de lucir un reloj de lujo, la acusada no ha tenido reparos en asegurar que actualmente ni tenía ingresos ni un trabajo estable.

Se reafirma en su relato
El otro involuntario protagonista de esta agresión ha mantenido ante el tribunal la versión de los hechos que denunció a la policía y que ya narró a Libertad Digital, incluso admitiendo que al verse agredido llamó "nazi" a su agresora (recordemos que fue en ese momento cuando la mujer le dijo: "No te equivoques, que yo soy del PSOE"), un comprensible insulto por el que ha pedido disculpas en la sala.

R.C.H. ha narrado pormenorizadamente la secuencia de hechos vivida durante la agresión y los insultos marcadamente antisemitas de los que fue objeto, entre los que cabe citar algunos proferidos de forma genérica contra los judíos, "ladrones", "usureros", "asesinos" y también expresiones dirigidas personalmente a él como "hijo de puta" o "judío asqueroso". Mientras, la otra parte en una actitud tan insistente como teatral negaba una cosa tras o otra y se lamentaba: "¡Ay Dios, ay Dios!".

Recogidos los testimonios, el letrado que representaba a R.C.H., Abel Isaac de Bedoya Piquer, ha recalcado ante la juez el contraste entre las personalidades de los dos litigantes que se había podido observar durante la vista: de un lado el carácter "impulsivo y beligerante" de la mujer y del otro el "tranquilo y pacífico" de su defendido.

También ha recalcado las contradicciones en las que ha incurrido la acusada "tratando de eludir la responsabilidad que le alcanza" y, por último, ha pedido la absolución de R.C.H. y una condena para A.C.B. por "vejaciones e injurias", según refleja el artículo 620.2 del Código Penal, con el agravante de "manifestaciones racistas" según el 22.4. La pena solicitada ha sido de 20 días de multa a razón de 50 euros por día.

Con esto se ha dado por cerrado el juicio en una sala en la que también se ha hecho evidente otra diferencia, quizá también reveladora: mientras R.C.H. Ha sido acompañado en todo momento por familiares y amigos, la otra parte ha acudido completamente sola y ni tan siquiera ha contado con un abogado.

Autor: C.Jorda
Fuente: Libertad Digital

miércoles, 24 de febrero de 2010

Un joven judío, agredido en Madrid por una mujer que presumió de ser del PSOE




Este es el resultado de alimentar la judeofobia constantemente, sobre un público en absoluto acostumbrado a pensar y muy fácil de ser manipulado. Este es el resultado del fracaso ideológico de la izquierda ejercida no desde un partido sino lo que es peor, desde un gobierno.

La mujer que agredió gratuitamente a Reuben es culpable de sus actos, pero quien puso el odio en su corazón fue la intoxicación informativa de los medios afines al PSOE.
Y mientras Reuben era agredido...¿quién hizo algo en su defensa? Nadie porque era un "judío". Así que cuando frente a las cenizas humeantes de la soha se preguntaban los europeos "¿cómo es que no hicimos nada? Si sucediera hoy, en nuestas calles, en nuestras ciudades, sin duda que actuaríamos en defensa del pueblo judío" ¡Mentirosos!

Rafael T.Perez
http://www.kolisraelorg.net/

El pasado 1 de febrero Rubén, un joven español de religión judía que viste del modo tradicional jasídico, fue abordado en plena Castellana madrileña por una mujer que empezó por insultarle y acabó agrediéndole físicamente.

Cuando la llamó nazí, la señora dijo: "No te equivoques, yo soy del PSOE".Se trata de la primera agresión física sufrida por un judío en España, tras una escalada de amenazas, insultos y ataques a lugares como una sinagoga en Barcelona o la propia embajada en Madrid aunque, según nos cuenta el propio Rubén en conversación con Libertad Digital, no es la primera vez que él mismo u otros miembros de la comunidad judía en nuestro país son insultados o amenazados en la calle: "Yo tengo que disimular la forma en la que visto", nos dice en referencia a su atuendo tradicional (abrigo negro, camisa blanca, sobrero oscuro y rizos cayendo a cada lado de su frente), "pero es que ni siquiera se puede ir con kipá por ahí".

La agresión tuvo lugar nada más y nada menos que en pleno Paseo de la Castellana, en las cercanías de la Plaza de Colón, una zona muy concurrida de la capital en la que a las 17:30 de la tarde había una buena cantidad de viandantes.Mujer, 45 años, bien vestida y "del PSOE"
Rubén describe a su agresora como "una mujer de unos 45 años", que iba "muy bien vestida" y que tenía en conjunto un aspecto pudiente.

Quizá por eso no se alarmó cuando se acercó a él con una frase peculiar pero, al fin y al cabo, no agresiva: "Hombre, que inusual, un judío".

Sin embargo, enseguida pasó a proferir una impresionante catarata de insultos entre los que estaba lo peor del imaginario antisemita popular, desde términos genéricos dedicados a todos los judíos como "ladrones", "usureros", "asesinos" o "nazis", hasta expresiones dirigidas personalmente a él como "hijo de puta" o "judío asqueroso".

El tono y la exaltación de la mujer fue en aumento hasta el punto de que llegó a propinar a una bofetada a Rubén, entonces llegó uno de los momentos más sorprendentes del hecho: cuando el agredido recriminó su comportamiento a la agresora y la llamó "nazi" ésta respondió: "No te equivoques, yo soy del PSOE".

Indiferencia y grabaciones en móvil
Mientras todo esto ocurría en plena calle, los transeúntes seguían paseando indiferentes o, incluso peor, grababan lo que estaba ocurriendo con su teléfono móvil, ni un intento de mediar o de detener o calmar a la agresora.

Esta actitud y la inseguridad que le ha causado la agresión, "ya no voy por esa zona", hacen decir a Rubén que lo peor de lo ocurrido no es la violencia física: "Lo que más daño me hizo fue lo moral", afirma mientras lamenta que "no puedo vivir mi religión libremente aunque se supone que en este país hay libertad religiosa".

Una realidad que sufren muy pocas confesiones pero que, a la vista de lo ocurrido, es muy cierta para la judía y que ha empujado a Rubén a dar un cambio radical en su vida: en unos pocos meses emigrará a Israel para instalarse allí de forma definitiva, algo que otros judíos españoles están haciendo en los últimos tiempos dado el cariz que está tomando la situación en nuestro país.

Denuncia ante la policía
El final de la agresión también resultó grotesco cuanto menos: Rubén conminó a la mujer a acudir a la policía para aclarar lo ocurrido y la invitó a acercarse a un hotel cercano para desde allí hacer la llamada pertinente.

Aunque en un principio la mujer pareció aceptar, al dirigirse hacia el hotel en cuestión espetó un nuevo insulto: "No me sigas más, judío asqueroso", incluso dijo a los empleados del hotel que "ese hombre me está siguiendo".

Finalmente, éstos empleados llamaron a la policía, que tomó declaración tanto a Rubén como a la agresora. y recibió la denuncia que presentó el joven judío y, sorprendentemente, la que también presentó la mujer que le había insultado y golpeado.

En estos momentos está a la espera de que se le cite para el pertinente juicio.

Autor: C.Jorda
Fuente Libertad Digital

viernes, 9 de enero de 2009

A quienes comparan a Israel con los nazis






Por Yosef Levi-Sfari.
Cónsul Israelí y Portavoz de la Embajada de Israel en Uruguay
Jueves 8 enero 2009

Los últimos días vimos aparecer, en Uruguay, al lado de numerosos artículos de opinión expresando su comprensión a las causas por las que Israel se vio obligado a defender a su población, unas pocas opiniones virulentamente antiisraelíes.
La crítica a Israel o a sus políticas es completamente legítima. Es más, Israel es uno de los países en los que la polémica y la confrontación de ideas por parte de la prensa y la opinión pública están más arraigados, al punto que criticar ácidamente al gobierno de turno, sea cual fuere su signo político, hacer rodar cabezas, y "sacrificar vacas sagradas" como solemos decir en Israel, llega casi al grado de deporte nacional. Valga entonces la aclaración: no tenemos problema alguno con las críticas, y estamos dispuestos a explicarlas una a una e ir respondiéndolas sin esquivarle al meollo del asunto.

El Estado de Israel no está exento de equivocaciones ni de yerros, enfrentándonos como lo hacemos desde los albores de nuestra existencia con una realidad sumamente compleja.
Nuestro país crece y se desarrolla a pesar de un conflicto crónico, y está constantemente dispuesto a escuchar voces distintas con ideas sobre cómo manejar dicho conflicto ­que, digámoslo claramente, sólo para Israel es vital y existencial­ de la mejor manera posible, con el menor número posible de afectados, damnificados y víctimas, propias y ajenas.

Pero también están quienes pecan de miopía y observan por voluntad propia al conflicto con una mirada estrecha y falta de perspectiva, como equino con anteojeras, y que despiertan puntual e infaliblemente a la hora exacta en que el caldero rebalsa ­ni un minuto antes­ declamando de memoria la cantilena de que Israel es el único villano de la película, y compitiendo entre sí como infantes quién de ellos se llevará la palma enhebrando la mayor cantidad de epítetos, de eslogans, de lugares comunes, de insultos gratuitos, de clisés, de bajezas, de frases hechas, de viejas consignas y de comparaciones descabelladas, copiando y pegando viejos textos y desempolvando pancartas confeccionadas para alguna crisis anterior.

El ejemplo más extremo de dicho fenómeno, lo constituye la comparación de los actos de gobierno, de defensa o de guerra del Estado de Israel, con el horror de los crímenes perpetrados por los nazis. El paralelismo entre ambos, indispensable aclararlo en primer lugar, ha sido formalmente tachado de antisemitismo por la Agencia Europea de Derechos Fundamentales, organismo de la Unión Europea.

Dicha organización emitió hace unos años un documento, en el que establece que determinadas críticas al Estado de Israel, sus gobiernos o políticas, no son sino claras expresiones de neoantisemitismo, convenientemente camufladas en esta época de corrección política como un supuesto "antisionismo".
Entre ellas menciona la comparación entre las acciones israelíes y los crímenes nazis; la negación del derecho a la autodeterminación del pueblo judío, al acusar a Israel de racismo; o la aplicación de doble rasero, pretendiendo de Israel lo que no se demanda ni se exige de ningún otro país en el mundo.

Lo dicho: la Unión Europea considera a expresiones de dicho tenor, cada una de ellas, como antisemitas. Si de crítica constructiva o de argumentación sólida se tratase, nuestros detractores se expresarían sin ninguna necesidad de echar mano a comparaciones con el delito más vil cometido en la historia de la Humanidad: tal paralelismo sería en dicho caso completamente contraproducente, al crear en el oyente un antagonismo inmediato, y terminaría por debilitar irremediablemente al mejor de los argumentos.

Es que no se trata de crítica constructiva: se trata de una táctica mendaz, destinada a destruir el más mínimo denominador común y rehuir así toda posibilidad de debate coherente o de valor alguno, método cuya única finalidad es la de demonizar al Estado de Israel por motivos ideológicos. Recordemos a los que osan acudir a la comparación con los crímenes de la Alemania hitleriana ­ya que parecen adolecer de un grave problema de amnesia selectiva, aún si entre los mismos hay quienes por su edad podrían haber sido personalmente víctimas o testigos de la barbarie nazi­ los hechos descarnados: el régimen nazi (elegido democráticamente en unas elecciones populares, al igual que el régimen de Hamas) se puso como meta el exterminio cuidadosamente premeditado, planificado y sistemático del pueblo judío de la faz de la tierra, hasta el último de nosotros.

Hitler pretendió apoderarse de toda Europa camino de la conquista del mundo, en tanto sus planes satánicos se saldaron con decenas de millones de muertos en sólo 6 años, seis millones de ellos judíos inocentes, masacrados industrialmente, asfixiados en cámaras de gas, asesinados en fusilamientos masivos de familias, aldeas y ciudades enteras, quemados vivos, dejados a su suerte hasta morir de inanición, hacinamiento o enfermedades; muertos durante experimentos médicos, torturados sádicamente, todo ello hasta exterminar con esos y otros métodos una tercera parte del pueblo judío. Resulta tristemente irónico que, de haberse los nazis salido con la suya hasta las últimas consecuencias, algunos de los propios maldicientes no serían hoy más que un puñado de cenizas esparcido por alguno de los campos de exterminio.

Sus invectivas contra Israel no los hubiesen exonerado del pecado de ser judíos, ni salvado de la suerte del resto de sus hermanos. Cabe a esta altura la pregunta: ¿Por qué es sólo Israel el blanco de sus diatribas? ¿Alguien los ha escuchado vociferar contra la limpieza étnica cometida en la provincia de Darfur en Sudán, con más de medio millón de víctimas hasta hoy? ¿Elevaron nuestros criticones sus voces al cielo, comparando las ejecuciones públicas de homosexuales en Irán por sólo serlo, con la matanza de homosexuales identificados por un triángulo rosa a manos de los nazis?

Tampoco el grupo terrorista Hamas, que ganó en primer lugar las elecciones legislativas en Gaza y luego derrocó cruentamente al presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Abu Mazen, apoderándose violentamente del poder de la Franja, motivó que los críticos de Israel despertaran de su voluntario letargo, a pesar de que exactamente de la misma manera fue que los nazis se apropiaron del poder, en la Alemania de 1933.

Es el mismo Hamas que instauró en Gaza una dictadura totalitaria confesional inspirada y fomentada por Irán, que prohibe toda crítica y el menor atisbo de disenso.
Es una tiranía fundamentalista, que liquidó a sus contrincantes arrojándolos al vacío desde los edificios más altos de Gaza, para inspirar terror; y que instauró el imperio de la ley islámica, por cuyo mandato son cortadas las manos de los ladrones, castrados los violadores y ejecutado todo "traidor" al camino del fanatismo.
Es el mismo Hamas que adoctrina a los niños de Gaza en el culto a la muerte desde la más tierna edad, inculcándoles un odio ciego contra Israel que les permita reclutarlos fácilmente como carne de cañón en atentados suicidas, o como escudos humanos.

A pesar de todo eso, Hamas nunca tuvo el dudoso honor de ser comparado con el régimen nazi. Y con toda razón. Porque a pesar de ser un enemigo jurado y declarado del Estado de Israel, y de avasallar los derechos fundamentales de su propia población civil y de la israelí, y de sus deleznables actos terroristas, Hamas no se aproxima siquiera remotamente a la barbarie nazi, la más estrepitosa bancarrota moral a la que haya llegado jamás el género humano: la constitución de fábricas industrializadas, perfectamente organizadas, por cuyas líneas de producción ingresaban hombres, mujeres y niños judíos, y salían convertidos en cadáveres, los que una vez arrancados sus dientes de oro, aprovechados sus cabellos para rellenar colchones y su grasa para fabricar jabón, eran reducidos a cenizas.

El propio Hamas, aún siendo acérrimo enemigo que niega el derecho a la existencia del Estado de Israel, no pretende el exterminio sistemático de sus ciudadanos, sino que llama "sólo" a la destrucción del país como entidad política y soberana.
No dejemos de decir lo que cae de maduro: la comparación del Estado de Israel con el nazismo, es una variante particularmente despreciable del negacionismo de la Shoá, y una brutal falta de respeto por las víctimas de la barbarie nazi, incluyendo los sobrevivientes que aún están con nosotros.

La comparación de Israel con los nazis, pauperiza el debate de ideas, al nivel más pueril posible: el del golpe bajo, el de atacar al objetivo cualquiera sea el precio, el de la calumnia y la injuria.

Es una forma de antisemitismo rabioso, porque no pretende en modo alguno venir en defensa de los palestinos ­en su mayor parte moderados, laicos y deseosos de alcanzar la paz, y que aborrecen de Hamas y su política de sangre y fuego no menos que nosotros­, sino que viene sólo a atacar al Estado judío. Por esa misma razón, la filípica es siempre lanzada en el momento mismo en que Israel reacciona a la agresión de turno en su contra, y nunca un minuto antes, cuando Israel es atacado, descontextualizando sus motivos, tergiversando falazmente dichos y hechos, trastrocando manipulativamente causas por consecuencias y viceversa.

Todo método dialéctico vale cuando de atacar a Israel se trata, y para eso el neoantisemita va siempre dispuesto a revolver en la herida que jamás cicatrizará: el carísimo recuerdo por los 6 millones de nuestros padres y abuelos asesinados por el mero hecho de ser judíos.
No sería posible concluir estos conceptos, sin dirigirnos a los miembros de nuestro propio pueblo que prestan con tanta facilidad su pluma a la banalización de la Shoá.
A ellos ­como a los otros­ los invitamos: siéntanse con libertad de criticar a Israel, que no está exenta de errores ni inmune a la opinión adversa.

Pero anímense a hacerlo seriamente, sumando valor agregado al debate, con argumentos que ilustren los acontecimientos. Analicen la complejidad de la situación, interésense por los hechos (por TODOS los hechos), practiquen el ejercicio de ponerse en lugar de los demás - ­de TODOS los demás -­, luego de lo cual ofrezcan alternativas, sugieran posibles soluciones, los invitamos incluso a visitar el lugar de los acontecimientos (de TODOS los acontecimientos).

En síntesis, intenten practicar la crítica constructiva; nosotros por nuestra parte, trataremos de dar respuestas a cada uno de sus alegatos e interrogantes. Las comparaciones con el nazismo, un fenómeno sin parangón, son por definición imposibles, y hablan más de quien las emplea que de sus supuestos objetos. Por favor, dejen la memoria de la Shoá en paz.

Publicado en La República de Uruguay el 7 de enero de 2009.



Principio y ley fundamental de la física:
Toda acción conlleva una reacción.
¿Israel, agresor o agredido?

lunes, 1 de septiembre de 2008

POLÍTICA Y ABUSOS DEL LENGUAJE






POLÍTICA Y ABUSOS DEL LENGUAJE
Marchando una de Holocaustos
Por Antonio José Chinchetru

En España existe una facilidad pasmosa para comparar cualquier cosa con el Holocausto. Si se creyera a todos los políticos, periodistas, "activistas" y lobbistas que hacen este tipo de comparaciones, el mundo en el que imaginan vivir sería un lugar terrible. Pero no es así. Incluso episodios tan reales como horrendos, contemporáneos o pasados, son comparados con demasiada ligereza con la Shoah.

El Holocausto tiene una serie de características que solamente se dan de forma simultánea en él, lo que hace de este crimen contra la humanidad un hecho singular y produce que toda equiparación con él suponga banalizarlo, unas veces de forma inconsciente y otras no.

Han existido otros genocidios terribles, incluso con un número de víctimas superiores.
Ahí están para vergüenza del ser humano el caso de los siete millones de ucranianos asesinados mediante inanición por Stalin, o las atrocidades de Mao en China, Pol Pot en Camboya, las matanzas de Ruanda y Burundi y el genocidio armenio. Sin embargo todos estos episodios se diferencian de la Shoah.Los nazis pretendían asesinar a la totalidad de los judíos del mundo; en la criminal mente de los nacional-socialistas la aniquilación debía ser el destino final no sólo del habitante de un shtel de Galitzia, sino también del alumno de una yeshivá neoyorkina y del agnóstico conductor de camiones de Tel Aviv.

No existía un conflicto de identidades nacionales o tribales dentro de un Estado (los hebreos germanos se consideraban tan alemanes como sus compatriotas gentiles), como sí lo hubo en casos armenio y de los grandes lagos africanos. Además, los nazis pusieron toda la maquinaria estatal al servicio del exterminio judío, hasta el punto de desviar importantes recursos de los campos de batalla al Holocausto, pues consideraron la "Solución Final" un frente bélico prioritario sobre otros, como el ruso o el occidental.

La conjunción de estas y otras características hacen de la Shoah un caso único en la Historia que no tiene equivalente en otros genocidios. Pero lo terrible es que en España leemos y escuchamos que se le compara con otros hechos que ni tan siquiera entran dentro de esta última categoría. Así, nos encontramos con constantes referencias al "Holocausto" cometido por uno u otro bando en la Guerra Civil, al del aborto, el de los toros o incluso de árboles y animales salvajes. En 2006 un grupo de organizaciones "verdes" denunciaba que había que para un "holocausto urbanístico" en Cantabria que acabaría con la población de varias especies protegidas. Comparar la despreocupación por el futuro del aguilucho pardo con el asesinato industrial de seres humanos tan sólo puede ser clasificado de despropósito.

Pero lo de los ecologistas y colectivos afines no se queda ahí. El año pasado un grupo de "abajofirmantes" de izquierdas presentó en el Congreso, junto a sesenta asociaciones de defensa de los animales, un manifiesto pidiendo la prohibición de las corridas de toros. La escritora Ruth Toledano aseveró en dicho acto que "la única diferencia entre un holocausto humano y uno animal es que nosotros tenemos voz". Podríamos pensar en al menos seis millones de diferencias, que no son otras que los seis millones de judíos a la que esta señora compara alegremente con un toro que es sacado a la plaza para ser lidiado.

Caso de la Guerra Civil se llega a situaciones absurdas. El diario digital El Plural es buen ejemplo de ello.
En él, sus lectores pueden ver cómo se eleva a la categoría de Holocausto la represión franquista en Málaga entre 1937 y 1951.
El medio de Enric Sopena se refiere a una inmensa fosa común a la que denomina "lugar del Holocausto de Málaga".
En otro artículo publicado el mismo día, se habla del anarquista Melchor Rodríguez García, apodado "el ángel rojo", y se le presenta como "el Schindler español" por haber salvado la vida a numerosos falangistas y a otras personas afines al bando franquista en el Madrid de la Guerra Civil.

En aquellos años se multiplicaron en España los fusilamientos tras juicios farsa o sin ellos, los "paseos" y las matanzas, pero nada comparable en un bando u otro a la Shoah. Hubo demasiada brutalidad en estado bruto, pero de otra naturaleza. Este tipo de comparaciones también las hace la extrema derecha.

Así, hay quien llega a denominar "Holocausto anticatólico" al asesinato de religiosos y a las quemas de conventos e iglesias. Como brutalidad es también para muchos (no vamos a entrar aquí en el debate) el aborto. Sin embargo, aunque se considere que el nonato es desde el momento mismo de la concepción un ser humano, comparar la interrupción voluntaria del embarazo con la Shoah está totalmente fuera de lugar.

Si se cree que el feto es desde el principio una persona, se debe denunciar que existen miles de asesinatos, pero nunca un Holocausto. Sin embargo, esto se hace con demasiada asiduidad. E incluso se habla de los "sobrevivientes al holocausto del aborto".

Las diferencias entre la Shoah y el aborto son evidentes. La madre que decide abortar sólo desea acabar con una vida (siempre que se considere como ser humano al feto), no con todos los nonatos de la tierra. Se trataría de una agresión de una persona contra otra, no de una política de Estado destinada al exterminio de un pueblo entero. Habrá quien responderá a esto que la equivalencia con el Holocausto está en la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo. Pero esto también es una exageración.

La despenalización daría carta de legalidad a estos asesinatos (si se les considera tales), pero nunca se trataría de una política activa de Estado destinada a matar a todos los fetos del mundo.
Todas estas equiparaciones suponen una injusticia con las víctimas del Holocausto y una disminución de la culpa de los perpetradores, puesto que nos hacen creer que no fue tan grave. Se banaliza la Shoah y se minimiza la importancia que tiene en la Historia universal.

Al final, las enseñanzas sobre la existencia del mal que podemos extraer de ese crimen dejan de tener validez.