Mostrando entradas con la etiqueta abbas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta abbas. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de septiembre de 2011

Israelstina





Si alguien quisiera entender de verdad por qué no es posible un acuerdo de paz entre israelíes y palestinos, sólo tendría que molestarse en escuchar o leer la transcripción del discurso de Mahamud Abas ante la Asamblea General de la ONU, la semana pasada. Toda una auténtica exposición de la mitología palestina, no sólo irreconciliable con la realidad, sino con cualquier esperanza de futuro.

Para empezar, Abas refirió a Israel como un país ocupante, invasor. Bueno, al fin y al cabo hay mucha gente que también lo piensa. Pero lo malo de las palabras del presidente palestino es que se referían a 63 años de ocupación, esto es, a la creación del Estado de Israel en 1948, no a la supuesta ocupación de Gaza y Cisjordania tras la guerra de 1967. No es baladí: mientras que el resto del mundo habla, en consonancia con las resoluciones de las ONU, de fijar los términos de un compromiso para la retirada israelí de los territorios (ya solo de lo que se decida de Cisjordania, habida cuenta de la salida unilateral de Gaza en 2005), Abas está argumentando no sobre lo que es suelo en manos de la Autoridad Palestina, sino también sobre el territorio que la ONU dejó para Israel. Y eso, por lo que lleva de destrucción del Estado judío, es totalmente inaceptable. No aspira a la paz, sino a la aniquilación de Israel.

En segundo lugar, Abas se explayó con las denuncias de Israel como un régimen de "appartheid". Tal vez porque sólo ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el suyo. Así, mientras que en Israel los ciudadanos de origen árabe cuentan con representación parlamentaria propia y ocupan altos puestos de la administración del estado, oficiales de la Autoridad Palestina, incluido Abas, no se cansan de repetir que en su Estado no tienen cabida los judíos. Claro, eso no es "apartheid", sino limpieza étnica pura y dura. Y a pesar de que hizo mención de los cristianos, la realidad sobre el terreno le acompaña poco. Que se lo digan, por ejemplo, a los católicos de Belén, hostigados por sus acólitos hasta verse reducidos al mínimo.

Y el apoteosis de la orgía de mentiras del líder palestino tuvo su culmen cuando afirmó que "los palestinos solo van armados con su esperanza". Que pregunten a los vecinos de Sderot, por ejemplo, donde han caído ya 300 cohetes en lo que va de año a pesar de la supuesta tregua de Hamas. ¿O es que acaso Abas no considera palestinos a los habitantes de Gaza por el mero hecho de que no acepten su autoridad?

Hubo muchas más "lindezas". Sobre el desarrollo económico, sobre libertades, sobre movimientos... Todas tan distorsionadas y falsas como las anteriores. Tal vez sea por eso que una aplastante mayoría de residentes palestinos en Jerusalén Este quieren un Estado palestino, pero prefieren seguir bajo la autoridad israelí. Porque saben muy bien lo que les espera: menos libertad, menos prosperidad y menos seguridad. Lo dice una encuesta de comienzos de mes realizada por los propios palestinos.

Pero el problema de fondo sigue ahí: hoy, como en 1947, todavía los dirigentes palestinos se niegan a aceptar mentalmente lo que es inevitable en la práctica y por derecho, a saber, que Israel cuenta con toda la legitimidad para existir donde está.

Ese es el problema de por qué no ha habido ya un acuerdo de paz. Mientras no lleguen a la ONU con un discurso distinto y acepten la mano tendida de Israel para alcanzar un acuerdo mutuamente satisfactorio, tampoco será posible en el futuro. De seguir a Abas, lo único que cabe esperar es que se nombre presidente de Israelstina. En su mente solo cabe un estado dominado por él y los suyos donde los judíos acepten ser ciudadanos de segunda y en minoría o se marchen al exilio. Ese es el espíritu de su discurso. Porque es lo que les dice a los suyos.

Autor: GEES www.gees.org
Fuente: www.libertaddigital.com

martes, 14 de septiembre de 2010

Su turno, señor Abbás




Las perspectivas son pesimistas, pero el proceso va por el buen camino.
La Administración Obama debe ser objeto de elogio por la manera en que ha estructurado la más reciente ronda de conversaciones entre israelíes y palestinos. Por fin dejamos atrás los compromisos provisionales, cuyo paradigma fueron los lamentables Acuerdos de Oslo (1993).

En aquel entonces se decía que cuestiones tan complicadas como el conflicto árabe-israelí sólo podían abordarse paso a paso, dejando al tiempo hacer. Y el tiempo hizo, sí, pero para complicarlo todo aún más. Israel realizaba concesiones concretas: trajo de Túnez a Arafat, para que gobernara sobre Gaza y la Margen Occidental, por poner el más notable ejemplo, y a cambio recibía más y más amenazas, hasta que finalmente fue castigado con una guerra de terror en la que perdieron la vida más de 1.000 israelíes inocentes. Entre las víctimas de semejante estado de cosas hay que contar al movimiento pacifista israelí, que tantas ilusiones se hacía acerca del reconocimiento palestino del Estado judío. La izquierda israelí, asaltada por la realidad, anda moribunda; y la derecha, escarmentada. Ningún actor de relieve cree que puede conservarse la Margen Occidental.

Dicho panorama ha dado pie a un fenómeno insólito: en Israel hay un amplísimo acuerdo en torno a la idea de ceder casi toda la Margen a cambio de la paz. El momento es doblemente extraordinario, porque el único que puede cerrar un trato así es el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu; y está dispuesto a hacerlo.

De ahí lo acertado de la concepción obamita de las próximas conversaciones: nada de acuerdos interinos, nada de compromisos parciales. Nada de concesiones mutuas al margen de las grandes cuestiones: territorio, seguridad, Jerusalén, el denominado derecho de retorno...; las concesiones han de afectar, precisamente, a los grandes temas: que Israel abandone su sueño de una Jerusalén indivisible y los palestinos renuncien de una vez al derecho de retorno.

Por ejemplo. Lo crucial es lo que ha dicho el negociador George Mitchell: lo que se discute es un acuerdo definitivo que ponga fin al conflicto. Lo que significa que nada de reclamaciones posteriores.
Fin del conflicto, sí.

¿Cuáles son los obstáculos que hay que sortear? ¿Los asentamientos israelíes? El ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman, uno de los políticos más nacionalistas del país hebreo, vive en uno de ellos y ha afirmado que, en aras de alcanzar la paz, él y su familia estarían dispuestos a abandonar su hogar. ¿Y los colonos religiosos? ¿Tampoco ellos se resistirán? Cuando se evacuó la Franja de Gaza, algunos lo intentaron, subiéndose a los tejados de las sinagogas. ¿Qué pasó? Pues que los soldados los bajaron y se los llevaron. Si a Israel se le ofrece una paz tangible, los soldados volverán a hacerlo.

Así que el problema, hoy como siempre, es la negativa de los palestinos a aceptar un Estado judío. Esa ha sido la cuestión nuclear del conflicto desde 1947 hasta Camp David (2000), cuando Arafat rechazó una oferta de paz extraordinariamente generosa, no hizo contraoferta alguna y, para rematar, lanzó, dos meses más tarde, la guerra de terror conocida como Segunda Intifada.

En Camp David iba a alcanzarse una paz definitiva. Una paz que sigue sobre la mesa. Lamentablemente, no parece que en el campo palestino haya más deseo de alcanzarla del que mostraron hace diez años. Incluso si Mahmud Abbás quisiera llegar a un acuerdo así (dudoso, pero posible), ocurre que, simplemente, carece de autoridad. Para aceptar un Estado judío, el rais ha de tener detrás el respaldo de una amplia mayoría de su pueblo; pues bien, no lo tiene. Hamás, cuya razón de ser es la destrucción de Israel, controla una parte de Palestina (Gaza) y es un poderoso rival de Al Fatah, el partido de Abbás, incluso en el feudo de éste: la Margen Occidental.

El otro día, Abbás declaró abiertamente al diario Al Quds, el principal rotativo palestino: "No vamos a reconocer a Israel como estado judío". Bonita forma de coadyuvar a que las cosas salgan bien...

¿Qué hará Abbás? Incapaz de o reacio a hacer la paz, explotará el error táctico del presidente Obama en lo relacionado con la moratoria sobre la construcción en los asentamientos israelíes –a pesar de que este asunto no había sido un impedimento para las negociaciones en los 16 años previos–: si la moratoria no se prorroga el próximo día 26, el rais abandonará las negociaciones. Y no hace falta ser vidente para saberlo: lo ha dicho el propio Abbás.

Con esa manera de proceder, el líder de Al Fatah solucionará todos sus problemas: se evitará estampar su firma en un acuerdo definitivo, se defenderá de las críticas de Hamás y convertirá a Israel en el chivo expiatorio. Vaya jugada, ¿no? ¿Por qué no levantarse de la mesa? El mundo, que ya condena a Israel hasta cuando no hace más que defenderse, está más que dispuesto a culpar al Estado judío del fracaso de las negociaciones. Por otro lado, tenemos la creciente presión favorable al establecimiento de un Estado palestino incluso si fracasan las conversaciones, es decir, incluso si los palestinos no hacen la menor concesión: ¿por qué, entonces, habrían de hacerlas? Así pues, las conversaciones están bien diseñadas; pero, por desgracia, Abbás sabe perfectamente cómo dinamitarlas.

© The Washington Post Writers Group

Autor: Charles Krauthammer
Fuente:Libertad Digital

martes, 8 de junio de 2010

¿Nacionalidad palestina?






No son una nación (ni históricamente lo fueron nunca), no tienen ni la menor idea de cómo construirla ni que hacer luego con ella...bueno de momento si tienen clara una cosa, que nación no saben si la tendrán, pero destruir a la nación vecina (Israel) es su más evidente y único objetivo.

No tienen nación pero cuentan con "embajadores", no tienen nación pero conceden nacionalidad, no tienen nación pero han determinado sus fronteras, no tienen nación pero tienen presidente, parlamento y una especie de judicatura, pero a la islámica. Mahamud Abbas, el presidente de nadie sabe que, ha indicado a los medios que concede la "nacionalidad palestina" a los activistas que participaron en el esperpento de paz y libertad de la flotilla del acoso, que no era otra cosa que eso, un esperpento de violencia, odio y despropósito.

De paso la turquía de la OTAN se ha alineado con Irán en su apoyo a nuevas iniciativas marineras, todo con tal de fastidiar cuanto se pueda a Israel. Que lo hiciera, por ejemplo, El Líbano o Siria podría entenderse ¿pero que lo haga un país miembro de la OTAN candidato, además, a formar parte de la UE?
Y es que Erdogan lo ha dejado claro, "está dispuesto a enviar barcos de guerra que escolten las próximas embarcaciones que se planteen romper el bloqueo naval de Gaza, para enfrentarse a los israelíes" Exactamente lo mismo que ha dicho Irán!.

Salvo que no haya gato encerrado, ya saben secretos de la política que se pacta en el interior de las más sórdidas alcantarillas, que un miembro de la OTAN asuma semejante deriva huele a problemas, y de los gordos.

Cada día que pasa esto se pone más interesante, Israel se encuentra más solo y las comunidades en la diáspora más acorraladas, aunque muchos me temo que todavía no son conscientes de ello. Y eso a pesar de que los que están contra Israel son una minoría residual surgida de entre lo peor de las sociedades occidentales, pero son una minoria escandalosamente ruidosa y atronantemente violenta, pongase delante de uno de estos "pacifistas" y acabará creyendo que Ghandi o Martin Luther King eran en realidad unos moñas.

Así que el desagradecido Abbas va concediendo la nacionalidad "palestina" a unos energúmenos cuyo único CV posible para ellos es el del odio gratuito ¿pero es qué no tiene suficiente experiencia con los energúmenos de hamas como para que acepte a los energúmenos de otras latitudes? De España por ejemplo.

Abbas desagradecido, Israel les salvo el trasero a él y a los suyos cuando hamas se dedicó a exterminar a todo miembro de la organización terrorista Al Fatah, y si hubieran podido echarle el guante a Abbas...Un "presidente" que no tiene estado porque su jefe anterior no lo quiso nunca, un "presidente" cuyo gobierno no es aceptado por sus rivales en la cosa del terror ¿cómo puede conceder nada?.

El mundo está a punto de cambiar, eso es algo que vienen predicando los nuevos profetas de la política internacional desde los presidentes norteamericanos Ronald Reagan hasta George W.Bush, y a ese tren en marcha se han subido algunas de las potencias europeas más influyentes.

Entre tanto, los dueños de nada van concediendo no lo que no tienen, y eso mientras el mundo entero va camino de la locura.

Se busca buena gente para construir un mundo

Rafael T.Perez
8 de junio de 2010
Kolisraelorg.net