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miércoles, 2 de diciembre de 2009

ONG a Clinton: Los asentamientos son legales





La Oficina para la Ley Constitucional Israelí, una organización no gubernamental de acción legal, le mandó, la semana pasada, una carta a la Secretaria de Estado de USA, Hillary Clinton, advirtiéndole que, al etiquetar a los asentamientos judíos en la Margen Occidental como ilegales, estaba violando el derecho internacional.
La poco conocida Convención Anglo-Estadounidense, un tratado firmado por los gobiernos de USA y Gran Bretaña en 1924, estipulaba que USA aceptaba para sí misma el Mandato para Palestina, el cual declaró a toda la Margen Occidental dentro de sus fronteras. “El tratado ha sido ocultado”, dijo Mark Kaplan, director de OFICL. “Pero si usted se fija en las deliberaciones de la Cámara [de Representantes] durante la 1ª Guerra Mundial, los miembros dicen, “Vean, hemos invertido mucho dinero en Palestina y esperamos que este tratado sea confirmado”.

Aunque el plan de partición de 1947 de las Naciones Unidas declaró a la Margen Occidental territorio árabe, las fronteras del mandato se mantienen hasta hoy. “El mandato caducó en 1948 cuando Israel logró su independencia”, dijo Kaplan. “Pero la convención Anglo-Estadounidense fue un tratado que estaba relacionado con el mandato. Los tratados mismos no prescriben, así que sus derechos continúan ad infinitum”. “El plan de partición de la ONU fue exactamente eso, un plan”, dijo el presidente de OFICL, Michael Snidecor, en una declaración. “La Asamblea General no tiene autoridad para crear países o para cambiar fronteras”.

La retórica de Clinton, de acuerdo a Kaplan, se ha convertido en cada vez más problemática. “Nuestra carta fue enviada como resultado de los muchos comentarios que han sido efectuado por la secretaria de estado”, dijo. “Es parte de un proceso en el que hemos estado involucrados durante varios meses, pero estamos acelerando las cosas por la aceleración de los recientes acontecimientos”. Pocos días después de elogiar a Israel por sus acciones “sin precedentes” en el congelamiento de la actividad en los asentamientos, Clinton volvió a enfatizar el status supuestamente ilegal de los asentamientos. “Estados Unidos cree que los asentamientos no son legítimos”, dijo. “Esa ha sido la política de nuestro gobierno durante los últimos 40 años.

Esa es la política del Presidente Obama hoy en día y continuará”. De acuerdo a Kaplan, la presencia de las FDI en la Margen Occidental ha contribuido a esta idea equivocada de actividad ilegal. “Israel eligió adoptar un política de gobierno militar en 1967, que hace que huela a ocupación, dijo Kaplan. “Y el mundo dice que es una ocupación ilegal por toda la propaganda que ha habido. La presencia de Israel en Judea y Samaria no califica como ocupación ilegal bajo el derecho internacional en razón de la Convención Anglo-Estadounidense y si se observan las convenciones de La Haya y Ginebra”.

La carta de OFICL advirtió también a Clinton que, si su oficina no cumple con los derechos civiles reconocidos en la Convención Anglo-Estadounidense, OFICL iniciará una demanda colectiva en una corte distrital de USA. El Primer Ministro Binyamin Netanyahu declaró, el miércoles pasado, un congelamiento de 10 meses en los asentamientos, pero la carta, que también fue enviada a la oficina de Netanyahu, plantea que bajo el principio legal de estoppel – que excluye a alguien de negar la verdad de un hecho que ha sido determinado en un procedimiento oficial o por un cuerpo autorizado – cualquier demanda a Israel para congelar la construcción dentro de las fronteras del mandato es ilegal bajo la ley de USA. De acuerdo a un asesor, el personal de Netanyahu está revisando los documentos y discutirá los temas antes de contestar respecto a las acciones planeadas por OFICL.

Lunes 30 noviembre 2009
Fuente: Jerusalem Post

jueves, 27 de agosto de 2009

Israel no es el problema






Ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en Oriente Medio. Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso.

El presidente Obama y su Administración no se engañan sobre el reto que el islam plantea hoy a la estabilidad global ni sobre la dificultad de resolver alguno de los frentes abiertos, como Irak, Irán o Afganistán. Están convencidos de que la política seguida por Bush fue un error y tratan, con mejor o peor éxito, de establecer una nueva.

Los obamitas tienen una gran fe en la comunicación y en la fuerza de voluntad. A diferencia de los clintonitas son idealistas en su visión de la política exterior. Su punto de partida fue ¡cómo no! un discurso, que indudablemente es lo que mejor saben hacer. Con todas sus contradicciones y ambigüedades, las palabras de Obama ante la comunidad académica de El Cairo intentaron ser un punto de partida para establecer un nuevo entendimiento con el islam en general y el Mundo Árabe en particular. Para los musulmanes el discurso fue una rectificación de la política norteamericana y eso les parece muy bien.

Para una sociedad que ha crecido en la idea de que la responsabilidad de sus problemas es siempre de los demás el que un presidente norteamericano se desplace hasta Egipto para entonar un mea culpa es un gesto apropiado. Pero no sólo de palabras vive el hombre. Es tiempo de obras, de demostrar con actos la buena disposición de la nueva Administración norteamericana.Obama quiere contar con el bloque árabe para gestionar los tres frentes territoriales abiertos –Irak, Irán y Afganistán– así como el problema general del terrorismo yihadista y para eso tiene que demostrar su buena disposición allí donde los intereses de las partes chocan abiertamente: Palestina.

Obama ha pedido a Netanyahu que congele las construcciones en los asentamientos.
El hecho es en sí enormemente sintomático. Hasta la fecha la diplomacia occidental se había concentrado en lograr concesiones paritarias. Clinton intentó un acuerdo total y fracasó. Bush, desde la experiencia de su predecesor, optó por una aproximación por etapas, en las que las mutuas concesiones debían general confianza y facilitar nuevos avances. También fracasó.

Ahora Obama opta por un nuevo enfoque: primero debe ceder Israel y luego ya veremos.
La nueva filosofía parte de dos ideas importantes: que el problema es Israel y que la cuestión palestina es instrumental.Naciones Unidas ofreció a judíos y musulmanes la posibilidad de disponer de un Estado en la Palestina Occidental o Cisjordania al mismo tiempo.
Unos lo aceptaron y los otros no. Desde entonces Israel ha sufrido seis guerras, dos intifadas y una actividad terrorista constante, todo ello por ejercer el derecho a ser un Estado democrático. El que los palestinos vivan en peores condiciones que los israelíes es responsabilidad propia, la consecuencia de errores, de "no perder la oportunidad de perder una oportunidad" en célebre frase de Abba Eban. Su rechazo a la creación de Israel, su intento de aniquilar el nuevo Estado por la fuerza, la falta de grandeza de Arafat en Camp David, el desprecio de sus dirigentes por su propio pueblo al que utilizan como moneda de cambio, el absurdo mantenimiento de campos de refugiados en Estados árabes... todo ello ha abocado a la presente situación.

Ante ello Obama rompe el principio de paridad y no sólo no se ocupa de la víctima sino que presiona sobre ella para que dé el primer paso. Israel es presentado a la comunidad internacional como el obstáculo que impide avanzar hacia la paz, cuando la realidad es exactamente la contraria.El gesto de Obama es racional, aunque profundamente inmoral. Israel es más vulnerable a su presión que Arabia Saudí y, sobre todo, ya cuenta con su alianza. El gobierno de Jerusalén necesita de la ayuda que le suministra la Administración de Washington para sobrevivir. A corto plazo la amenaza iraní es capital y sólo Estados Unidos está en condiciones de hacerla desaparecer o de fortalecer la capacidad defensiva del estado judío.
La dependencia israelí de la ayuda norteamericana le hace potencial objeto de abusos.

La "congelación" de los asentamientos en Cisjordania es un gesto que esconde la gravedad de la situación. El problema que bloquea hoy el proceso de paz no es la posición de firmeza del gobierno Netanyahu sobre este tema sino dos hechos evidentes a todo el mundo: la falta de autoridad del gobierno palestino para participar en una negociación definitiva y el rechazo a aceptar la existencia de Israel por parte de Hamás. Una vez más la pelota está en el campo palestino, pero ahora la situación es mucho más complicada que en los días de Arafat ante la fractura provocada por el auge del islamismo.

No hay una posición palestina. ¿De qué valdrían los gestos de Netanyahu? Sólo para facilitar los intereses de la Administración Obama en la región y ésta sí es la clave de los movimientos diplomáticos a los que estamos asistiendo.Donde la racionalidad norteamericana no se hace tan evidente es en el plano estratégico. El Mundo Árabe es cualquier cosa menos un bloque, por lo tanto hay que ser muy escéptico a la hora de buscar su colaboración. El hecho determinante de la situación actual es el descrédito de los llamados gobernantes moderados y el auge del islamismo. Los radicales crecen por el desprestigio de sus rivales, pero también porque cuentan con ayudas importantes.

Los Hermanos Musulmanes reciben fondos de Arabia Saudí con los que desarrollan su actividad. El gobierno egipcio ha iniciado una nueva campaña para perseguirlos y debilitarlos. El director de los servicios de inteligencia marroquíes, Yassine Mansouri, ha reconocido públicamente que la estabilidad de su país está amenazada por Arabia Saudí e Irán, a través de la acción de los wahabitas y de Hizboláh, los mismos que están detrás de Hamás en Palestina.

A pesar de todo ello, Washington trata de calmar al gobierno de Israel explicándole que las concesiones que se le solicitan facilitarán la consecución de un objetivo esencial para su seguridad, el buen entendimiento con sus vecinos árabes. Pero, ¿hay alguien en Israel capaz de creer algo así? Cualquiera sabe que Egipto o Jordania pueden convertirse en estados islamistas en cualquier momento, que acuerdos supuestamente estratégicos pueden trasformarse en humo en muy poco tiempo. Por otro lado, ¿de qué valen esos acuerdos si Hamás sigue recibiendo ayuda y bloqueando el proceso negociador? La paz en la región pasa por combatir el radicalismo y fortalecer las instituciones representativas y los procesos de modernización.

Obama ha optado por el atajo de facilitar el diálogo, pero no es bueno confundir medios con fines. Está muy bien hablar francamente con Arabia Saudí de los problemas regionales, pero mientras la Casa de Saud continúe facilitando la llegada de fondos ingentes a formaciones radicales a lo largo y ancho del planeta sólo se estará perdiendo el tiempo. Arabia Saudí no es parte de la solución sino del problema palestino, pero cuando las prioridades son otras, cuando se quiere contar con Riad para tratar de resolver otros problemas este hecho deja de ser determinante.

Las presiones norteamericanas sobre Israel, tal y como han sido planteadas, son un ejemplo de apaciguamiento ante el Mundo Árabe que el gobierno de Jerusalén debe rechazar de plano. No se trata ahora de resolver si el crecimiento de determinados asentamientos es correcto, legítimo o legal. Por mi parte no he tenido nunca duda en afirmar que la creación de asentamientos ha sido el error más grave que ha cometido el estado de Israel a lo largo de su corta historia.
Pero ceder ahora sólo aumentará la inestabilidad en la zona y la inseguridad de la única democracia en Oriente Medio.

Israel no debe aceptar que Estados Unidos lo utilice como moneda de cambio en una estrategia condenada al fracaso. Sharon le tuvo que recordar en cierta ocasión a Bush que Israel no era Checoslovaquia. La situación debió ser violenta, pero el tiempo demostró que aquél comentario era oportuno.

Autor: Florentino Portero
Fuente: http://www.libertaddigital.com/

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