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jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Un estado palestino? No cuente con ello







Si la autoridad palestina deseara sinceramente el reconocimiento internacional como estado soberano, Mahmoud Abbás no habría venido a Nueva York esta semana a solicitar el ingreso en la Asamblea General de las Naciones Unidas. No tendría ninguna necesidad, dado que Palestina lleva ocupando desde hace tiempo su asiento en las Naciones Unidas.

Después de todo, si el estado palestino fuera el verdadero objetivo de Abbás, lo habría podido lograr para su pueblo hace tres años. En el año 2008, el entonces Primer Ministro israelí Ehud Olmert propuso la creación de un estado palestino soberano en un territorio equivalente (después de los intercambios territoriales) al 100% de Cisjordania y Gaza con servidumbre de paso entre las dos porciones de tierra además de una capital en el barrio árabe de Jerusalén. Pese a ello Abbás rechazó la oferta israelí. Y desde entonces se ha negado incluso a mantener negociaciones.

"Es nuestro derecho legítimo exigir el ingreso formal del estado de Palestina en las Naciones Unidas", anunciaba Abbás en Ramala el pasado viernes, "para poner fin a una injusticia histórica logrando la libertad y la independencia, como los demás pueblos del planeta".


Pero durante la mayor parte del siglo, cuando se les ha presentado la oportunidad de construir un estado propio los árabes de Palestina han dicho siempre que no. Dijeron que no en el año 1937, cuando el gobierno británico, que por entonces gobernaba Palestina, propuso dividir el territorio en estados árabe y judío independientes. Los líderes árabes volvieron a decir que no en 1947, eligiendo ir a la guerra en lugar de aceptar la decisión de las Naciones Unidas de dividir Palestina entre sus poblaciones judía y árabe. Cuando Israel ofreció en el año 1967 renunciar a los territorios que había logrado a cambio de la paz con sus vecinos, la respuesta oficial del mundo árabe, manifestada en una cumbre celebrada en Jartoum, no fue única, sino triple: "Nada de paz con Israel, nada de negociaciones con Israel, nada de reconocimiento de Israel".

En Camp David en el año 2000, el primer ministro de Israel, Ehud Barak, ofreció a los palestinos un estado soberano que compartiría el control de Jerusalén e incluiría miles de millones de dólares en compensaciones a los refugiados palestinos. Yasser Arafat rechazó la oferta, y reinició la mortal guerra terrorista conocida como Segunda Intifada.

Hay muchos pueblos apátridas en este mundo que desean un país propio, grupos étnicos muchos de ellos con siglos de historia y lenguaje y cultura característicos. Para los kurdos y los tamiles y los tibetanos –cuya búsqueda infructuosa de una nación-estado es ignorada por el mundo– debe ser demencial contemplar a la comunidad internacional devanarse los sesos en su afán de proclamar, una y otra vez, la necesidad de un estado palestino. Y tienen que estar desconcertados con la constante negativa de los palestinos a dar un sí por respuesta.

No obstante, no hay ningún misterio. La raison d'être del movimiento palestino nunca ha sido la creación y la construcción de una patria palestina. Siempre ha sido la negación de una patria judía soberana. Ésa es la razón de que nunca hayan fructificado las propuestas bienintencionadas de "una solución de dos estados", con independencia de lo seriamente que las propusieran presidentes estadounidenses o secretarios generales de las Naciones Unidas. Ésa es la razón de que los estatutos no sólo de Hamás sino del supuestamente moderado partido Fatáh de Abbás sigan instando a "la lucha armada" hasta que "el estado sionista sea demolido". Y ésa es la razón de que Abbás y el resto de líderes palestinos insistan en que el estado palestino sea explícitamente árabe y musulmán, pero negándose inflexiblemente a reconocer que Israel es el estado judío legítimo.

"El nacionalismo palestino", dijo Edward Said en una entrevista en el año 1999, "se basa en expulsar a todos los israelíes". Por desgracia, se sigue basando en lo mismo.

La pasada semana, para dar el pistoletazo de salida a la campaña que pretende su reconocimiento como estado en las Naciones Unidas, la Autoridad Palestina protagonizaba una marcha publicitada a bombo y platillo hasta las oficinas de las Naciones Unidas en Ramala, donde entregaron un escrito destinado al Secretario General Ban Ki Moon. Los funcionarios eligieron a Latifa Abú Hmeid para encabezar la manifestación y entregar el escrito. "Fue elegida", informaba el diario palestino Al-Ayam, "porque es el símbolo del sufrimiento palestino como resultado de la ocupación".

Lo que omitió el periódico es que Abú Hmeid es la madre de cuatro asesinos, que cumplen un total de dieciocho cadenas perpetuas por su implicación en múltiples atentados terroristas. Según el colectivo Palestinian Media Watch, no es la primera vez que Abú Hmeid ha sido oficialmente distinguida. El año pasado, la Autoridad Palestina le concedía el Galardón de la Determinación y la Generosidad y un ministro en el gobierno elogiaba públicamente sus virtudes: "Ella es quien dio a luz a los luchadores, y merece que le guardemos respeto y honores".


Esta es la atroz y sangrienta cultura que los líderes palestinos quieren que las Naciones Unidas declaren como estado de pleno derecho. Lo que asombra no es que hagan la petición, sino que haya gente que crea que debería concedérsela.




Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe. Sus artículos pueden consultarse en su página web.



Autor: Jeff Jacoby
Fuente: Libertad Digital

sábado, 17 de septiembre de 2011

Mito y Hecho en relación a la declaración palestina ante la ONU





MITO:
"Una Declaración Unilateral de Independencia es la única avenida palestina para hacer avanzar el proceso de Paz".

HECHO:

El Presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, está listo para desafiar los deseos de Israel, Estados Unidos y muchas naciones europeas, cuando presente una solicitud a la ONU para reconocer un Estado de Palestina. Abbas sostiene que la intransigencia de Israel en la mesa de negociaciones, no les ha dejado a los palestinos otra opción que la acción unilateral para hacer avanzar el proceso de paz592. En realidad, son los palestinos los que se han negado, incluso, a sentarse a negociar con Israel. A pesar de las reiteradas invitaciones de Israel, y el estímulo de la administración Obama, Abbas ha boicoteado las negociaciones durante dos años.

En lugar de discutir los temas cruciales de fronteras, asentamientos, refugiados y Jerusalem, Abbas ha optado por perseguir una Declaración Unilateral de Independencia (UDI) en un esfuerzo por lograr el reconocimiento internacional para sus intransigentes posiciones sobre estos temas. Una votación en la ONU, sin embargo, no proporcionará independencia a los palestinos, sólo será una victoria simbólica. Como resultado, Israel no se retirará de ningún territorio, no reconocerá a "Palestina" y no cambiará su apoyo a una solución de dos estados, basada en fronteras acordadas y arreglos de seguridad.

Desde 1974, la Organización para la Liberación de Palestina ha mantenido el estatus de observador en la ONU y Abbas, ahora, está buscando los privilegios de un estado independiente. Los palestinos esperan que, al menos, 150 de los 192 miembros de la ONU respalden su pedido de condición de estado, pero Estados Unidos ya ha prometido vetar cualquier resolución que se presente ante el Consejo de Seguridad593. Sin la aprobación del Consejo de Seguridad, la Asamblea General sólo puede cambiar el estatus de la OLP, ya que no tiene el poder para declarar el establecimiento de un estado o para admitir a un miembro de la ONU. No obstante, una votación de la Asamblea General daría reconocimiento internacional a un estado palestino fantasma.

Aunque es poco probable que le importe a la Asamblea General, que tiene una mayoría automática para cualquier iniciativa pro palestina, los palestinos aún no tienen todas las características de un estado. De acuerdo con la Convención de Montevideo de 1933, los cuatro requisitos para un estado son una población permanente, un territorio definido, un gobierno efectivo sobre la población, y la capacidad de entrar en relaciones con otros estados.

Como Steven Rosen, de Middle East Forum, observó, "la Asamblea General creará un estado imaginario, que tiene dos presidentes incompatibles, dos primeros ministros rivales, una constitución en la que la mayoría de las disposiciones centrales son violados por ambas partes, una legislatura sin funcionar, ninguna capacidad para celebrar elecciones, una población que no está, en su mayoría, bajo su control, fronteras que anexarían territorios bajo control de otros poderes, y ningún camino claro para resolver alguno de estos conflictos594".

La Autoridad Palestina es incapaz de sostenerse financieramente, depende casi totalmente de la ayuda extranjera. Por último, el "estado" está dividido entre la Margen Occidental y la Franja de Gaza, ésta última fuera del control de Abbas. Hamas gobierna Gaza independientemente, se opone a la UDI, así como también a cualquier paz con Israel, y sigue involucrado en el terrorismo. Un voto a favor de la UDI, respaldaría al gobierno de Hamas y crearía un estado miembro de la ONU cuyo objetivo es la destrucción de otro miembro.

Al ir a la ONU para eludir las negociaciones, los palestinos socavarán el proceso de paz al violar acuerdos internacionales, alejando a la opinión pública israelí y dándole al pueblo palestino la falsa esperanza de que su vida cambiará. Muchos palestinos, incluyendo al Primer Ministro Salam Fayyad, reconocen que este curso es irresponsable, y puede amenazar algunos de sus intereses y, por lo tanto, se oponen a la UDI595.

La aprobación por la ONU de una declaración unilateral de independencia tiene, potencialmente, graves consecuencias perjudiciales para los palestinos. Israel se sentirá justificado, por ejemplo, para tomar sus propias medidas unilaterales. Los Acuerdos de Oslo, también, podrían ser declarados nulos e Israel podría dejar de cumplir sus disposiciones, tales como suministrar agua a la Autoridad Palestina (que ya no existirá) o reconocer el control palestino sobre ciertas zonas de la Margen Occidental. Al declarar la "independencia" la AP amenazaría la cooperación bilateral con Israel en más de 40 ámbitos de actividad, incluyendo colaboración de seguridad, fortalecimiento institucional y apoyo económico 596.


Además, la UDI pondría en peligro la ayuda económica de Estados Unidos, que tiene legalmente prohibido financiar organizaciones terroristas, y Hamas gobernaría, entonces, por lo menos parte de la fantasma Palestina. El Cónsul General de EE.UU. en Jerusalem, Daniel Rubenstein, le dijo a la AP que el Congreso está dispuesto a "tomar medidas punitivas para cortar la ayuda" si la UDI es impulsada hacia adelante 597.

Además, la UDI creará expectativas entre el pueblo palestino de que serán independientes, que la participación de Israel en sus vidas terminará, que los asentamientos desaparecerán y que tendrán una capital en Jerusalem. Cuando nada de esto haya sucedido, el público podría volcarse contra sus dirigentes o, más probablemente, ventilar su frustración contra Israel. Como Jefe del Parlamento de la UE, Jerry Buzek, advirtió, "las acciones unilaterales pueden llegar a ser muy peligrosas 598".

Una UDI contravendría casi todas las resoluciones y acuerdos internacionales destinados a lograr la paz entre israelíes y palestinos. Los Acuerdos de Oslo, la Hoja de Ruta y las resoluciones 242, 338 y 1850 del Consejo de Seguridad, todos estipulan que el único camino para una paz sustentable es a través de negociaciones. La Secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, reprendió al liderazgo palestino en relación a la táctica de la UDI, diciendo que "no hay ningún sustituto para la discusión cara a cara".

En un momento en que gran parte de Medio Oriente está en llamas o hirviendo a fuego lento, los palestinos parecen decididos a arrojar una lata de gasolina en la mezcla. Estados Unidos e Israel están tratando de hacer todo lo posible para disuadirlos de su política incendiaria y para que reinicien las negociaciones de paz, pero Abbas podría no ser disuadido demostrando, una vez más, que los palestinos nunca pierden una oportunidad de perder una oportunidad.

592 Khaled Abu Toameh, "Abbas: La ‘intransigencia’ de Israel nos fuerza hacia la ONU", The Jerusalem Post, (7 de septiembre de 2011).
593 AFP, "la UE podría redactar su propio proyecto de resolución sobre el pedido palestino en la ONU", Yahoo News, (3 de septiembre de 2011).
594 Steven Rosen, "El Estado Imaginario de los Palestinos", Política Exterior, (3 de agosto de 2011).
595 Larry Grossman, "Informe de AJC: Los Peligros de la UDI", The American Jewish Congress, (septiembre de 2011).
596 Irwin Cotler, "El tiempo no es el adecuado para el pedido de condición de estado", The Montreal Gazette, (8 de septiembre de 2011).
597 DPA, "EE.UU.: Vamos a suspender la ayuda a los palestinos si avanza el pedido a la ONU", Haaretz, (26 de agosto de 2011).
598 Personal de Associated Press, "UE: La votación de un estado palestino podría ser 'peligrosa'", Cnsnews.com, (14 de junio de 2011).


Fuente:
Jewishvirtuallibrary.org



Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

martes, 14 de septiembre de 2010

Su turno, señor Abbás




Las perspectivas son pesimistas, pero el proceso va por el buen camino.
La Administración Obama debe ser objeto de elogio por la manera en que ha estructurado la más reciente ronda de conversaciones entre israelíes y palestinos. Por fin dejamos atrás los compromisos provisionales, cuyo paradigma fueron los lamentables Acuerdos de Oslo (1993).

En aquel entonces se decía que cuestiones tan complicadas como el conflicto árabe-israelí sólo podían abordarse paso a paso, dejando al tiempo hacer. Y el tiempo hizo, sí, pero para complicarlo todo aún más. Israel realizaba concesiones concretas: trajo de Túnez a Arafat, para que gobernara sobre Gaza y la Margen Occidental, por poner el más notable ejemplo, y a cambio recibía más y más amenazas, hasta que finalmente fue castigado con una guerra de terror en la que perdieron la vida más de 1.000 israelíes inocentes. Entre las víctimas de semejante estado de cosas hay que contar al movimiento pacifista israelí, que tantas ilusiones se hacía acerca del reconocimiento palestino del Estado judío. La izquierda israelí, asaltada por la realidad, anda moribunda; y la derecha, escarmentada. Ningún actor de relieve cree que puede conservarse la Margen Occidental.

Dicho panorama ha dado pie a un fenómeno insólito: en Israel hay un amplísimo acuerdo en torno a la idea de ceder casi toda la Margen a cambio de la paz. El momento es doblemente extraordinario, porque el único que puede cerrar un trato así es el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu; y está dispuesto a hacerlo.

De ahí lo acertado de la concepción obamita de las próximas conversaciones: nada de acuerdos interinos, nada de compromisos parciales. Nada de concesiones mutuas al margen de las grandes cuestiones: territorio, seguridad, Jerusalén, el denominado derecho de retorno...; las concesiones han de afectar, precisamente, a los grandes temas: que Israel abandone su sueño de una Jerusalén indivisible y los palestinos renuncien de una vez al derecho de retorno.

Por ejemplo. Lo crucial es lo que ha dicho el negociador George Mitchell: lo que se discute es un acuerdo definitivo que ponga fin al conflicto. Lo que significa que nada de reclamaciones posteriores.
Fin del conflicto, sí.

¿Cuáles son los obstáculos que hay que sortear? ¿Los asentamientos israelíes? El ministro israelí de Exteriores, Avigdor Lieberman, uno de los políticos más nacionalistas del país hebreo, vive en uno de ellos y ha afirmado que, en aras de alcanzar la paz, él y su familia estarían dispuestos a abandonar su hogar. ¿Y los colonos religiosos? ¿Tampoco ellos se resistirán? Cuando se evacuó la Franja de Gaza, algunos lo intentaron, subiéndose a los tejados de las sinagogas. ¿Qué pasó? Pues que los soldados los bajaron y se los llevaron. Si a Israel se le ofrece una paz tangible, los soldados volverán a hacerlo.

Así que el problema, hoy como siempre, es la negativa de los palestinos a aceptar un Estado judío. Esa ha sido la cuestión nuclear del conflicto desde 1947 hasta Camp David (2000), cuando Arafat rechazó una oferta de paz extraordinariamente generosa, no hizo contraoferta alguna y, para rematar, lanzó, dos meses más tarde, la guerra de terror conocida como Segunda Intifada.

En Camp David iba a alcanzarse una paz definitiva. Una paz que sigue sobre la mesa. Lamentablemente, no parece que en el campo palestino haya más deseo de alcanzarla del que mostraron hace diez años. Incluso si Mahmud Abbás quisiera llegar a un acuerdo así (dudoso, pero posible), ocurre que, simplemente, carece de autoridad. Para aceptar un Estado judío, el rais ha de tener detrás el respaldo de una amplia mayoría de su pueblo; pues bien, no lo tiene. Hamás, cuya razón de ser es la destrucción de Israel, controla una parte de Palestina (Gaza) y es un poderoso rival de Al Fatah, el partido de Abbás, incluso en el feudo de éste: la Margen Occidental.

El otro día, Abbás declaró abiertamente al diario Al Quds, el principal rotativo palestino: "No vamos a reconocer a Israel como estado judío". Bonita forma de coadyuvar a que las cosas salgan bien...

¿Qué hará Abbás? Incapaz de o reacio a hacer la paz, explotará el error táctico del presidente Obama en lo relacionado con la moratoria sobre la construcción en los asentamientos israelíes –a pesar de que este asunto no había sido un impedimento para las negociaciones en los 16 años previos–: si la moratoria no se prorroga el próximo día 26, el rais abandonará las negociaciones. Y no hace falta ser vidente para saberlo: lo ha dicho el propio Abbás.

Con esa manera de proceder, el líder de Al Fatah solucionará todos sus problemas: se evitará estampar su firma en un acuerdo definitivo, se defenderá de las críticas de Hamás y convertirá a Israel en el chivo expiatorio. Vaya jugada, ¿no? ¿Por qué no levantarse de la mesa? El mundo, que ya condena a Israel hasta cuando no hace más que defenderse, está más que dispuesto a culpar al Estado judío del fracaso de las negociaciones. Por otro lado, tenemos la creciente presión favorable al establecimiento de un Estado palestino incluso si fracasan las conversaciones, es decir, incluso si los palestinos no hacen la menor concesión: ¿por qué, entonces, habrían de hacerlas? Así pues, las conversaciones están bien diseñadas; pero, por desgracia, Abbás sabe perfectamente cómo dinamitarlas.

© The Washington Post Writers Group

Autor: Charles Krauthammer
Fuente:Libertad Digital